Este año la vida me ha dado una nueva perspectiva sobre lo que significa un evento imprevisto y cómo puede afectar nuestras Finanzas Personales.

Como he escrito en otras ocasiones, hay dos formas para poder manejar un evento imprevisto:

a) Retenerlos – básicamente para eso tenemos un fondo para emergencias, o bien
b) Transferirlos – usualmente por medio de seguros.

Pero existen otro tipo de eventos que desafortunadamente pueden tener un impacto significativo en nuestras Finanzas Personales a mediano y largo plazo, que no pueden asegurarse. Y para los cuales el fondo para emergencias tampoco funciona, ya que son situaciones que permanecen (el fondo para emergencias está diseñado para situaciones que nos generan un gasto en ese momento y ya – se resuelven y no permanecen).

Les voy a platicar una historia al respecto, de una pareja que hace poco me vino a ver para solicitar mi asesoría. He cambiado los nombres por cuestiones de respeto a su privacidad y a la confidencialidad con la que hemos platicado su situación financiera.

El evento imprevisto que llegó para quedarse

Martha y Javier son una pareja que ha manejado sus Finanzas Personales con mucho cuidado: sin deudas salvo la hipoteca, con un fondo para emergencias, un ahorro para su retiro y un fondo para la educación de su hijo David (sólo tienen uno).

David acaba de entrar de lleno a la adolescencia, con todo lo que eso implica: cambios de humor frecuentes y una irritabilidad que da miedo. Un buen día, durante un viaje, tuvieron una discusión con David que terminó cuando él se echó a correr (se fugó).

No quiero hacer el cuento demasiado largo, pero esta situación derivó en un internamiento de David de 14 días en un hospital de psiquiatría, donde tuvo que ser trasladado por un servicio especializado en ello.

Además de lo que costó ese internamiento (pagado con el fondo para emergencias ya que los seguros de gastos médicos no cubren trastornos psiquiátricos y psicológicos), a David le fue diagnosticado un trastorno oposicionista desafiante con depresión severa que podría ser indicativo de un trastorno bipolaridad o de personalidad (aún en estudio).

David está ahora en tratamiento con un psiquiatra, quien lo ve dos veces por mes y le ha ajustado varias veces sus medicamentos (que son carísimos). Pero además tuvieron que ingresar a una terapia familiar una vez por semana, otra de manera individual para él.

Esto ha generado en la familia un incremento en el gasto mensual importante:

  • Medicamentos: entre $ 2,000 y $ 3,000 pesos al mes.
  • Psiquiatra: $ 1,500 pesos al mes.
  • Terapia familiar: $ 5,500 pesos al mes ($ 1,200 + IVA a la semana).
  • Terapia individual: $ 3,800 pesos al mes ($ 900 + IVA a la semana).

Total: entre $ 12,800 y $ 13,800 pesos al mes.

Aunque Javier tiene un muy buen sueldo (Martha es ama de casa y se queda con David), este incremento en el gasto es muy significativo y ha provocado un desajuste importante en el presupuesto (simplemente no les alcanza).

Javier ha comenzado a buscar fuentes alternativas de ingresos, a través de algunas asesorías (no ha habido mucho) y esto le ha afectado de una forma muy importante – incremento importante de stress, cansancio y tristeza. Él piensa que está entrando a una depresión y aunque el gustaría pedir ayuda, no lo ha hecho porque no tiene cómo pagarla.

Es una situación muy crítica para ellos – que estaban acostumbrados a una vida sana, ordenada pero cómoda (casi envidiable), y que ahora tienen que enfrentar severas limitaciones y recortes a su gasto para poder salir adelante. Esto no es fácil y afecta de manera importante a la familia también en el aspecto emocional.

¿Qué hemos platicado al respecto?

Ellos tienen una membresía en un gimnasio que no podían recortar de su gasto porque la habían pagado de forma anual, pero a meses sin intereses. Por lo cual afectaba su flujo de efectivo mensual.

Afortunadamente el último cargo es en diciembre, por lo que a partir de esa fecha pueden prescindir de ese gasto que es de $ 5,700 pesos al mes. Aunque no es lo mejor, entienden que deben hacerlo y sacrificarlo. Han también recortado el paquete de televisión por cable, lo cual les ha ahorrado cerca de $ 500 pesos por mes.

Han tratado de recortar otros gastos en su presupuesto, y apretarse más en ciertas cosas, pero no han logrado un avance muy significativo. Gran parte de su gasto se va en la hipoteca, en gastos fijos (luz, agua, mantenimiento) y en la colegiatura de la escuela de David. Por lo que en realidad no es mucho lo que gastan en otras cosas como alimentación – no hay mucha tela de dónde cortar. El cambio de escuela a una de costo menor por el momento no es una opción – más en la situación de David.

Como comenté, ellos cuentan con fondo para la educación de su hijo, al que aportan $ 4,000 pesos al mes y un fondo para el retiro al que aportan $ 3,000 al mes más buena parte de su aguinaldo.

El monto que va al fondo para el retiro no es conveniente recortarlo porque se trata de un seguro que incluye un bono por fidelidad que se puede perder. Aunque sí se pueden suspender las aportaciones por un año sin penalización. No han querido hacerlo todavía pero estarían dispuestos a tomar esta opción si no hay más remedio.

Lo que sí sería fácil recortar es el fondo para la ecuación de David, ya que se trata de un portafolio propio (no un seguro) – no hay penalizaciones ni costos añadidos por dejar de aportar. Sin embargo, ellos no quieren tener que hacerlo – han calculado muy bien su meta y la aportación que tienen que hacer para alcanzarla. Y quieren persistir en ella.

Un concepto que sí han acordado reducir es el tema de las vacaciones familiares. El problema es que ellos no ahorran de manera mensual para esta meta sino que utilizan parte del fondo de ahorro que Javier tiene en su empresa, y su prima vacacional. Por lo cual, este recorte de gasto no ayuda mucho al flujo de efectivo: requieren recibir estos ingresos (que se reciben de manera anual) para tratar de aliviar la situación.

Martha y Javier calculan que con lo que queda de su fondo para emergencias pueden sobrevivir por lo menos hasta recibir el aguinaldo – con el cual esperan recuperarse un poco y tener un excedente que les permita “normalizar” su flujo de efectivo por unos meses, hasta recibir algún otro ingreso irregular como la participación de utilidades o el bono.

Aunque a mí no me gusta mucho este enfoque, ya que me parece que genera stress al depender de ingresos irregulares para “recuperar” excesos de gasto de meses anteriores, financieramente se puede lograr. Mi preferencia sería dejar de aportar al fondo de educación de manera regular y hacerlo (ponerse al corriente) con los ingresos irregulares. Pero ellos no piensan así, y es muy respetable su decisión. Es lo bello de tener diálogos de asesoría con personas que tienen muy claros sus objetivos – toman decisiones conscientes.

Como comenté, Martha y Javier están en una situación complicada, pero de alguna manera tuvieron la gran fortuna de que cuando esto sucedió, sus metas estaban claras y sus Finanzas Personales en buena forma.

¿Se imaginan si esto le hubiera pasado a personas con deudas grandes en tarjetas de crédito, o con otro tipo de situación financiera? No lo quiero ni pensar. Esto es un buen ejemplo que ilustra lo importante que es saber manejar nuestro dinero y planear nuestras Finanzas Personales.

¿Qué opinan de este evento imprevisto? ¿Conocen alguna historia similar?