Cuando las personas escuchan la palabra “presupuesto”, inmediatamente piensan en algo que restringe, que limita. El decir que nos tenemos que “ajustar” a un presupuesto suena casi tan divertido como ponernos a dieta. Pero en realidad no lo es: un buen presupuesto nos da libertad para decidir.

Un presupuesto personal (o familiar) es necesario para alcanzar nuestras metas: aquellas cosas que realmente queremos lograr. Además es una excelente herramienta para tomar mejores decisiones, informadas. En este sentido, un presupuesto nos da libertad.

Lo primero que nos brinda un buen presupuesto es consciencia. Es decir, nos permite saber cuáles son nuestros hábitos: en qué solemos gastar nuestro dinero. Y de esta manera, podemos saber si estamos destinando nuestro gasto a las cosas que más nos importan, o no.

A muchas personas el dinero se les “va como el agua” porque no saben ni en qué lo gastan. Un presupuesto nos permite saberlo, pero además nos permite tener un control, nosotros, de hacia dónde queremos dirigir nuestro dinero. Es decir, un presupuesto un presupuesto nos da libertad: nosotros le decimos a nuestros pesos qué queremos que hagan, y no al revés.

De esta manera, un presupuesto no es un instrumento para controlarnos, y no debe ser algo que nos impida disfrutar de la vida. Al contrario: cuando se hace correctamente, un buen presupuesto nos ayuda a gastar más en las cosas que realmente queremos y apreciamos, y a gastar menos en aquellas que no nos importan tanto.

Como comenté en este post, una familia sin un presupuesto es como una empresa sin un plan de ingresos y de gastos, es decir, sin rumbo.

Por otro lado, tener un presupuesto nos ayuda a tomar una serie de decisiones de manera más informada. Nos permite entender las consecuencias que tendrían esas decisiones.

Un ejemplo puede ser: decidir tener un hijo. Si tenemos un presupuesto podemos entender más fácilmente cómo impactará esta decisión a la economía familiar. ¿Podemos afrontarlo? ¿Qué rubros de gasto tendríamos que recortar? ¿Estamos dispuestos a hacerlo?

Por otro lado, un presupuesto nos puede ayudar a tomar decisiones más equilibradas. Si nos compramos esa pantalla nueva de plasma ¿Cómo se verá impactado nuestro plan de retiro? ¿Estamos dispuestos a hacerlo?

También nos permite ver de qué tamaño debe ser nuestro fondo para emergencias. Si tenemos deudas y parte de nuestro dinero se va en el pago mínimo de la tarjeta, podremos darnos cuenta fácilmente cómo cambiarían nuestras Finanzas Personales si pudiéramos pagar esa deuda. ¿Cómo mejoraría nuestro flujo de efectivo? Seguramente tendríamos más dinero disponible para otras cosas. Y esto nos puede dar motivación y libertad para enfocarnos en pagar ese crédito lo antes posible.

En fin, cuando lo hacemos bien, un presupuesto nos da libertad para decidir mejor. Y no al revés.