Una de las herramientas más importantes de las Finanzas Personales es el balance personal, que nos permite saber, entre otras cosas, el valor de nuestro patrimonio, así como nuestro nivel de endeudamiento.

Pero además, es uno de los mejores termómetros para medir nuestra salud financiera. Si lo calculamos periódicamente (por ejemplo cada trimestre, o cada seis meses), podemos detectar de una manera muy sencilla y a tiempo, una buena cantidad de problemas que pueden afectar nuestras Finanzas Personales, de la misma forma que un análisis de sangre periódico nos puede ayudar a detectar, a tiempo, problemas que pueden afectar seriamente nuestra salud física.

¿Cómo calculamos el valor de nuestro patrimonio?

Hacer un balance personal es fácil. Simplemente, en una columna listamos todos nuestros activos, es decir, lo que tenemos. Esto incluye, entre otros: dinero en efectivo, el saldo actual en nuestras cuentas de cheques e inversiones, nuestras cuentas por cobrar (activos líquidos), así como el valor de nuestras propiedades (activos no líquidos). También es necesario incluir aquellas inversiones de largo plazo, como el saldo que tenemos en la Afore o en planes personales de retiro, en una categoría separada.

En otra columna, listamos todos nuestros pasivos, es decir: lo que debemos a otras personas. Esto incluye el saldo actual de nuestras tarjetas de crédito, de nuestros préstamos de nómina, automotrices o personales, otras cuentas por pagar, y el saldo actual de nuestro crédito hipotecario, entre otros.

La resta entre nuestros activos y pasivos, es decir, lo que tenemos menos lo que debemos, resulta en el valor actual de nuestro patrimonio.

¿Qué nos indica el balance personal? 

Por sí sólo, el balance personal nos puede ayudar a entender una gran cantidad de problemas en nuestra situación financiera, entre las que destacan las siguientes:

  • Si nuestro patrimonio es positivo, o negativo. Lamentablemente muchas personas, cuando hacen este ejercicio por primera vez, se dan cuenta que su patrimonio es negativo, es decir: deben más de lo que tienen. Esto sucede cuando uno no cuenta con ahorros o inversiones, pero sí con deudas en tarjetas de crédito o préstamos de nómina, por ejemplo. Esta es una situación grave, por lo que se vuelve urgente poner a nuestras Finanzas Personales en terapia intensiva, y buscar corregir esa situación lo antes posible.
  • El tamaño de nuestros pasivos en relación con nuestros activos. Esto nos permite ver si tenemos un nivel de endeudamiento “sano” o si, por el contrario, tenemos un sobre-endeudamiento. Por ejemplo: nuestras deudas de corto plazo no deberían sobrepasar un 20 – 30% del total de nuestros activos líquidos. Por otro lado, si contamos con un crédito hipotecario, el valor de nuestra propiedad debería ser por lo menos un 20% superior al saldo de nuestro crédito (suponiendo que estemos en los primeros años del mismo).
  • La composición de nuestros activos. Debe haber un equilibrio entre nuestras diferentes clases de activos. Por ejemplo: no es bueno tener el 90% de nuestros activos de forma no líquida (en inmuebles), como tampoco lo es el tenerlos una parte tan importante sentado en instrumentos que no nos brindan ningún valor agregado, como nuestra cuenta de cheques.
  •  La calidad de nuestras deudas. Como hemos señalado en muchas ocasiones, el crédito lo debemos utilizar como una herramienta que nos permita, a la larga, crecer. No para financiar compras del día a día. Si la mayor parte de nuestras deudas está concentrada en tarjetas de crédito o préstamos personales, esto podría encender un foco rojo: usualmente son deudas de mala calidad. En cambio, si nuestra deuda total es alta pero se trata principalmente de nuestro crédito hipotecario, esta situación no necesariamente es mala (siempre y cuando podamos pagar cómodamente la mensualidad).

¿Qué nos dice la comparación de nuestro balance personal en dos periodos de tiempo? 

  • Si nuestro patrimonio ha crecido o decrecido. El hecho de que haya existido una caída en el valor total de nuestro patrimonio no necesariamente puede ser algo malo, pero es importante analizar el balance personal de una manera más profunda para encontrar las verdaderas razones por las que esto se ha dado.
  • Si nuestros activos han crecido o decrecido. Esto puede deberse a un sinnúmero de razones, algunas de las cuales no son necesariamente negativas. Por ejemplo, si el valor de nuestros activos disminuyó debido a que hubo una caída en los mercados financieros, o bien en el inmobiliario (las casas se están vendiendo a precios inferiores a los de años anteriores), posiblemente no tengamos de qué preocuparnos. Pero si se debe a que estamos gastando más de lo que ganamos, entonces sí hay un foco rojo que debe ser atendido de inmediato.
  • Si estamos en el camino de alcanzar nuestras metas financieras. Las personas que me conocen, saben que a mí me gusta mucho identificar, en el balance personal el ahorro que tenemos para las diversas metas financieras que nos hemos planteado. Por ejemplo, el ahorro para el retiro. En ese sentido, un comparativo de esta clase de activos nos puede ayudar a determinar si vamos por el camino correcto, o si necesitamos hacer ajustes ya sea en el monto que tenemos que ahorrar para alcanzarlas, o bien en nuestra estrategia de inversión.
  • Si el valor de nuestras deudas, en términos absolutos, ha crecido. De la misma forma, el hecho de que nuestras deudas se hayan incrementado puede no ser necesariamente malo, si estos créditos son para poner un negocio, para adquirir una casa que teníamos planeada, o bien para estudiar un post-grado (es decir, créditos que nos ayudan a crecer). Pero sí suele ser un mal indicador en el caso de que el incremento de nuestras deudas se haya debido por un mayor consumo (por ejemplo, incremento en el saldo de nuestra deuda en tarjetas de crédito), o para comprar un auto nuevo.
  • Si el tamaño de nuestras deudas, en relación con el de nuestros activos, ha crecido. Por lo general, esperaríamos que con el tiempo, esta relación se fuera haciendo cada vez menor. Es decir, que nuestros activos se vayan incrementando, y nuestras deudas disminuyendo en el tiempo. Desde luego que pueden darse excepciones, y una de las más frecuentes es cuando contratamos un crédito hipotecario. En este sentido, la relación puede aumentar significativamente. Sin embargo, este comparativo puede ayudarnos a darnos cuenta de problemas importantes en la manera como estamos gastando nuestro dinero.

¿Cada cuánto tiempo debemos hacer este ejercicio? 

Algunas personas lo hacen cada mes, lo cual puede resultar excesivo. No existe en realidad un consenso entre los asesores en Finanzas Personales. Algunos expertos indican que esto debería hacerse por lo menos una vez al año, aunque en lo particular me parece que la frecuencia debería ser mayor, con el fin de poder detectar problemas potenciales a tiempo.

En mi caso, mi recomendación particular es que este ejercicio se haga de manera trimestral, ya que me parece un periodo de tiempo ideal para hacer un seguimiento puntual a nuestra situación financiera personal (no es muy corto, pero tampoco demasiado largo). Recordemos que en el mundo empresarial, los reportes corporativos suelen darse también de manera trimestral, por las mismas razones.