Este post es continuación del que publiqué ayer sobre la volatilidad de los mercados: que no cunda el pánico.

Prometí que hoy hablaría de la que para mí es la lección más importante que se puede aprender en materia de inversiones, y lo prometido es deuda.

Ser Fiel a Nuestro Objetivo y Estrategia de Inversión

En mi experiencia el error más grande que puede cometer la gente, es olvidar para qué estamos invirtiendo. Es decir:

  • ¿Cuál es nuestro objetivo?
  • ¿Cuál es el horizonte o plazo de nuestra inversión? Es decir – en cuánto tiempo hemos planeado alcanzar dicho objetivo.
  • ¿Cuál es nuestra tolerancia personal al riesgo? Cada persona responde de manera distinta ante el riesgo y la volatilidad.

Desafortunadamente, este es un error muy frecuente. Tanto, que hay personas que incluso comienzan a invertir sin tener claros estos tres puntos esenciales. Es por ello que gente ha salido huyendo de la Bolsa, al ver cómo se va diluyendo con las bajas el poco capital con el que cuentan. Por eso es importante tener muy claros qué buscamos, y ser fiel a nuestro objetivo.

Ahora bien, esto puede darse de igual manera cuando los mercados suben, como cuando bajan.

De esta manera, cuando el mercado tiene una tendencia alcista, muchos inversionistas se “emocionan”. Al ver cómo va subiendo, invierten más y más dinero, para no quedarse fuera de la fiesta.

Ahora bien, este dinero extra para invertir, lo toman de otros activos de su portafolio de inversión, provocando así un desbalance. Por lo tanto, asumen un riesgo mayor al que realmente podían tolerar.

Por ejemplo: supongamos que un inversionista conservador ha definido que su portafolio de inversión ideal es 80% deuda y 20% bolsa. Cuando ésta va subiendo, se vuelve optimista y busca destinar un porcentaje mayor a ella. De esta forma, puede ser que en algún momento dado su portafolio se vuelva 50% deuda y 50% bolsa, el cual es mucho más volatil.

Cuando vienen las épocas de volatilidad se dan cuenta de su equivocación, pero en ese momento ya es demasiado tarde. Y entonces, dado que el valor de su portafolio varía demasiado (más de las variaciones que personalmente podían haber tolerado), terminan por asustarse, vendiendo todo y no queriendo volver a saber más de este mercado.

Lo mismo sucede con los mercados a la baja. La gente comienza a ver cómo sus posiciones o el dinero que invirtieron se va haciendo más “chiquito” (es decir, sus acciones cada día valen menos dinero). Aquí hay personas que reaccionan de manera distinta: unos buscan erróneamente “cortar sus pérdidas” y se precipitan al vender. Otros piensan que son más sofisticados, hacen caso cuando les dicen que los precios están de oferta, y compran más, excediendo de esta manera, nuevamente, su tolerancia al riesgo. Y sucede lo mismo: cuando se dan cuenta, se asustan y venden toda su posición para salir.

Muchos lo hacen en el peor momento: cuando los precios están en su nivel más bajo (sobre todo quienes cometieron el error de tomar un riesgo mayor al que personalmente pueden tolerar).

No hace falta ser mago para ver cómo funciona la psicología de las personas (también la nuestra, aunque entendamos esto y pensemos que no). Eso ilustra nuevamente la importancia que tiene el ser fiel a nuestro objetivo y a nuestra estrategia de inversión. Esto no significa que no podamos adaptar o alterar nuestra estrategia en el camino, para nada. Pero hay que hacerlo por las razones correctas.

En fin, el ser fiel a nuestro objetivo y estrategia de inversión es quizá la lección más importante en materia de inversiones que se puede dar.