El pasado domingo 31 de agosto, tuve con mi familia un desafortunado accidente en la Autopista México – Querétaro, a la altura de San Juan del Río. Un auto pasó por encima de un “huarache” (pedazo de llanta de trailer) y proyectó hacia mi vehículo, causando serios daños en las partes delanteras y bajas del mismo.

Lamentablemente, esto sucedió en el tramo Palmillas – Querétaro, el cual no es de cuota y por ende no tiene un seguro que proteja al usuario de este tipo de percances. Por este motivo, a menos que la autoridad competente acepte su responsabilidad (cosa que dudo mucho en un país como el nuestro) tendré que hacerme cargo de los gastos.

Reflexiones sobre mi Accidente

Como muchos de ustedes podrán imaginar, me siento muy tranquilo, ya que este accidente no tendrá un impacto significativo en mis Finanzas Personales. Mi auto está asegurado, y cuento con un fondo para emergencias que alcanza sin problemas para cubrir el deducible de mi seguro. El único cambio que tendrá mi presupuesto, de manera temporal, será para reponer, poco a poco, la cantidad que utilizaré de ese fondo.

Sin embargo, mi accidente me ha hecho pensar en algunas reflexiones importantes que quiero compartir en este espacio, particularmente para aquellos que aún no se han preocupado por un aspecto fundamental de las Finanzas Personales que es la protección del patrimonio. Todos estamos expuestos a que nos sucedan eventos como estos, y si no estamos preparados adecuadamente, pueden causarnos un impacto muy serio en nuestras Finanzas Personales, y un desequilibrio importante en el presupuesto familiar.

Lamentablemente, muchas personas no alcanzan a comprenderlo (o no han pensado ni siquiera en ello) y por ende no consideran este aspecto en su Planeación Financiera. Sin embargo, es una realidad que todos deberíamos lograr juntar un fondo para emergencias, que alcance para cubrir por lo menos 3 meses de nuestro gasto familiar corriente. Quienes trabajan por su cuenta, en su negocio propio o por honorarios, deben pensar en una cantidad todavía mayor.

Veamos un ejemplo que ilustra la importancia de esto:

  • Pedro es un profesionista talentoso, que está formando una familia. Su esposa está embarazada, y en 2 meses dará a luz a su primer hijo. Acaba de vender su coche, y con el monto obtenido de esa venta, pagó el enganche de una camioneta que sacó a crédito, con el fin de contar con un vehículo más adecuado a su nueva situación. Sin embargo, hoy fue sorprendido con una noticia devastadora: su empresa se acababa de declarar en quiebra, y fue despedido sin recibir indemnización. De repente, parece que todo se le viene abajo: al estar a final de quincena, el saldo de su cuenta bancaria está muy cercano a cero. Inmediatamente se pone en busca de un empleo, pero como todos sabemos, no es fácil colocarse rápidamente, y menos en un trabajo que nos brinde un ingreso igual al que teníamos. Dos meses después, con las deudas encima (su hijo acaba de nacer, no ha podido pagar la camioneta, ni el mínimo de algunas de sus tarjetas de crédito), acepta una oferta para trabajar por dos terceras partes de lo que solía ganar. Él se pregunta porqué la vida le ha dado la espalda.
  • Por otro lado, Juan, compañero de trabajo de Pedro, es una persona ordenada con sus Finanzas Personales. Su esposa también está embarazada, y de hecho había hecho una apuesta con Pedro para ver qué niño nacería antes. La noticia de la quiebra de su empresa le impactó igual que a Pedro. Además, pocos días después las fuertes lluvias causaron un daño significativo en el techo de su casa, el cual tenía que repararse a la brevedad. Sin embargo, Juan contaba con un fondo para emergencias que cubría tres meses de su gasto familiar. Utilizó una parte de ese fondo para la reparación del techo, y además buscó, junto con su esposa, reducir sus gastos al mínimo, lo cual fue posible ya que no tenía deudas. Principalmente, cortaron gastos de transporte (gasolina, por ejemplo, al no utilizar el coche para ir al trabajo) y de entretenimiento, mientras se estabilizaba su situación. Como Pedro, Juan se dio también a la tarea de buscar colocarse rápidamente en el mercado. De hecho, él se dio el lujo de rechazar el trabajo que a la postre tomó Pedro (se lo ofrecieron primero, pero supo que no era el adecuado para él, y decidió seguir buscando). Poco tiempo después, pudo colocarse nuevamente y en un trabajo mejor que el que tenía antes. Él agradece a la vida ya que a pesar de todo, el resultado le favoreció: ahora sólo tiene que enfocarse en disfrutar a su hijo, y a reponer ese fondo de emergencias que probó ser tan valioso.

Situaciones como estas nos pueden suceder a todos: la diferencia entre estos dos personajes básicamente consiste en que Juan estaba preparado, y Pedro no. A Juan la vida terminó por sonreírle, mientras que Pedro todavía se pregunta porqué la vida ha jugado en su contra.

¿Has tenido un accidente que haya afectado tu patrimonio? ¿Cuentas con un fondo para emergencias?