El robo de identidad es un delito que desafortunadamente ha tomado un auge sin precedentes.

Mucha gente en nuestro país no toma en serio los fraudes con tarjetas de crédito. Ni siquiera las propias instituciones financieras, algunas de las cuales mienten de manera irresponsable (perdón: dicen verdades a medias con publicidad engañosa) afirmando que todas sus tarjetas son las más seguras del mercado.

La razón por la cual mucha gente no le da importancia es muy sencilla: cuando aparecen en el estado de cuenta cargos extraños y no reconocidos, o si la tarjeta es robada o extraviada, basta con llamar al emisor. Es cierto que las cosas tardan mucho tiempo en aclararse, sin embargo, si se comprueba que el cliente no realizó los cargos, éstos le suelen ser reintegrados. Actualmente, la reciente regulación obliga a los bancos a hacerlo a más tardar en cuatro días hábiles.

Desde luego, todos nosotros pagamos, en parte, estos fraudes: de ahí que los bancos cobren tasas de interés tan elevadas. Sin embargo, muchos pensamos que, mientras nuestros estados de cuenta estén correctos, no tendremos de qué preocuparnos.

No hay nada más alejado de la realidad. De hecho, hay dos tipos de fraudes que pueden literalmente destruir nuestras vidas. Uno de ellos, del que ya hemos hablado anteriormente, corresponde a los que se realizan con tarjetas de débito. Como éstas accesan directamente nuestra cuenta bancaria, y afectan instantáneamente nuestro saldo, las aclaraciones suelen ser mucho más difíciles de realizar. Es decir, van en contra de nuestro bolsillo y no contra el banco emisor de la tarjeta: por eso las instituciones financieras no suelen tener la misma “disposición” para apoyarnos cuando sufrimos cargos indebidos.

El segundo, sin embargo, es mucho más serio y peligroso: el robo de identidad.

¿Qué es el Robo de Identidad?

El delito de robo de identidad consiste, sencillamente, en lo siguiente: algún desgraciado asume nuestra identidad crediticia y nos embarca en un conflicto que puede durar años, tal vez décadas, arruinando gran parte de nuestra vida.

En efecto, los criminales obtienen nuestros datos fácilmente de alguna fuente confiable: a través del correo, al robarnos la cartera, etc. Consiguen un pasaporte falso o nuestra acta de nacimiento, con lo cual pueden incluso tramitar una credencial de elector nueva (comprando a dos personas que testifiquen conocerlos).

Finalmente, sacan distintos créditos a nuestro nombre, mismos que no pagan. Por supuesto, todos los afectados se irán en contra nuestra, y nos costará mucho tiempo y dinero probar que no fuimos nosotros los responsable de miles y miles de pesos en cuentas cargadas por el impostor.

Modus operandi

Los delincuentes que se dedican al robo de identidad suelen no trabajar solos, debido a que requieren tener acceso a los recursos y tecnología de las grandes organizaciones criminales que operan a nivel internacional. La información de sus posibles víctimas la obtienen de distintas formas:

  1. Fingen ser personas de confianza. Existen personas que trabajan arduamente para ganarse la confianza de sus prospectos rentables. Lo logran a través del establecimiento de distinas relaciones de trabajo (compañeros o secretarias), de amistad, de noviazgo e incluso de matrimonio, para tener de esta manera acceso fácil a sus registros y papeles personales. De esta manera, pueden robar nuestra correspondencia, revisar nuestros estados de cuenta e incluso cambiar la dirección de los mismos para que ellos puedan recibir en su propio domicilio las renovaciones de nuestras tarjetas de crédito o solicitudes de las mismas.
  2. Acceden de manera ilegal y con complicidades a las bases de datos de los bancos o del mismo Buró de Crédito.
  3. Vía e-mail e internet, elaboran páginas web o correos electrónicos con un estilo muy profesional para hacer que sus víctimas se sientan confiadas.
  4. Roban bases de datos de empleados de grandes empresas, registros en los que suele constar toda la información necesaria para fraguar un fraude de enormes proporciones.

Una vez que tienen parte importante de los datos personales de sus víctimas, empiezan a solicitar tarjetas de crédito a su nombre, dando desde luego una dirección de correspondencia diferente para no ser descubiertos. Este procedimiento les resulta especialmente exitoso en países o en situaciones donde los bancos y/o promotores de tarjetas están más interesados en obtener nuevos clientes que en verificar, a conciencia, la información que proporcionan los solicitantes.

Sus efectos

Como ya señalamos, las organizaciones que se dedican al robo de identidad suelen contar con computadoras y tecnología de primer nivel. Por ello, pueden comprar vía telefónica o por internet sin contar siquiera con una tarjeta de crédito a nuestro nombre. Pueden solicitar también créditos automotrices o rentar inmuebles con nuestros datos. Incluso, pueden cometer muchos otros crímenes en nuestro nombre.

Debido a lo anterior, el efecto para las víctimas es desastroso: dejan de tener acceso a créditos personales o hipotecarios, e incluso a trabajar. Sus nombres son boletinados ante embajadas y distintas autoridades. Reciben diariamente notificaciones de embargos, sus servicios son desconectados, etc. En ocasiones, incluso, llegan a recibir requerimientos judiciales injuriosos, o desagradables visitas policiacas.

Sin embargo, la parte más triste de todo esto es que los culpables son muy difíciles de detener: las redes criminales son tan complejas que se requiere del uso de servicios de inteligencia y de recursos muy costosos para poder capturar a sus cabezas.

En el siguiente post hablaremos un poco sobre qué podemos hacer para protegernos del robo de identidad.