La semana pasada mi colega Adina Chelminsky (@AdinaChel) publicó en su columna en Excélsior un gran artículo titulado ¿Por qué odio el 14 de febrero?

Su nota es muy interesante y su posición digna de ser leída con detenimiento. A mí me gustó mucho. Ella me inspiró a escribir este post, el cual le dedico con mucho cariño.

A pesar de que comparto muchas de sus opiniones (casi todas, de hecho), personalmente tengo una perspectiva muy distinta acerca de este día.

Yo no odio el 14 de febrero. Tampoco los demás días de celebración que han sido inventados por el comercio para incrementar sus ventas. Simplemente no les hago caso.

Entiendo a Adina porque los excesos que rodean a este tipo de fechas son molestos – demasiado. Y porque tiene mucha razón al decir que esa no es la forma de demostrar amor.

¿Por qué no odio el 14 de febrero?

Afortunadamente, una de las cosas que compartimos mi esposa y yo es en nuestra opinión acerca de estas “fiestas”. Nunca hemos celebrado el de San Valentín como un día especial, ni nos damos regalos.

Es irónico, pero una de las mayores sorpresas que le he dado a ella fue regalarle un perfume – que le había gustado unos días antes – precisamente un 14 de febrero. ¡No se lo esperaba, y menos el día de San Valentín en el cual nunca le había regalado nada!

Una de las cosas que más amo de ella es su inteligencia. Y porque es precisamente esta forma de ser y de pensar la que nos hace a los dos libres: el amor que sentimos el uno por el otro está por encima de la publicidad que acompaña al 14 de febrero.

Esa libertad es algo fundamental en nuestras vidas, y en la relación que llevamos con el dinero. Hemos aprendido a construir metas comunes, cimentadas en los valores que para nosotros son fundamentales. Y estamos, juntos, construyendo el camino hacia una independencia financiera.

¿Tú sientes y vives esa libertad? Piénsalo. Es una reflexión que les dejo como un regalo para todos ustedes, mis lectores, porque no odio el 14 de febrero – día del amor y la amistad. ¡Un fuerte abrazo!