IMEF Durango

Con mis amigos de Durango

Hoy por la mañana regresé de Durango donde tuve la oportunidad de dar una plática para los miembros del IMEF (Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas) de esa ciudad.

La invitación fue para mí todo un honor, por el prestigio que tiene el IMEF y las labores que realiza. De hecho, desde que estudiaba en la universidad tuve contacto con el Instituto: uno de los primeros libros que leí sobre Inversiones fue editado por el IMEF en 1985 (tiene ese nombre: Inversiones, de Martín Marmolejo). Muy informativo, la verdad, me dio mucha luz acerca del funcionamiento del mercado de valores.

Por eso mismo, busqué dar una plática que estuviera a la altura de las circunstancias y del nivel de los asistentes, por lo que acordé con ellos hacerles una presentación acerca del riesgo en las inversiones, tanto financieras como en proyectos empresariales. La idea era transmitirles conceptos básicos acerca de qué es el riesgo y cómo se puede manejar y medir.

Para mí fue una experiencia muy agradable y creo que resultó bien. Noté que entre los asistentes hubo interés durante la hora (aproximadamente) que duró mi plática. Yo quedé contento (a pesar de las críticas, siempre constructivas, de mi esposa que me acompañó en este viaje).

Pero lo mejor de todo fue la oportunidad de conocer en persona a amigos con quienes había tenido la oportunidad de compartir y comentar ideas vía Twitter, y que tenía muchas ganas de conocer personalmente, como son (en estricto orden alfabético por apellido):

Virgilio Cárdenas (twitter: @VirgilCardenas), autor del Blog “El deporte de las Finanzas Personales” y miembro del IMEF Durango. Él pensó que una plática mía agregaría valor a sus colegas, y fue quien la propuso al IMEF. Desde que establecimos contacto, Virgilio y yo ya habíamos podido intercambiar ideas sobre distintos temas, principalmente de Finanzas Personales,  y ambos teníamos muchas ganas de conocernos personalmente. Virgilio escribió un post invitado, el cual pueden leer aquí.

Marco Hernández (twitter: @Marcohernandez8), gran amigo de Virgilio y a quien conocí gracias a él. Es curioso cómo se dan las cosas: Marco publicó un post en el blog de Virgilio, que personalmente me gustó muchísimo. Tanto, que lo invité a publicar uno en esta página. El post que Marco envió es uno de los que personalmente más me gustan: si no lo leyeron, corran a hacerlo aquí. A partir de ahí, tuvimos el gusto de compartir algunas cosas a través de Twitter, y quedamos en tomar un café en cuando se pudiera. Afortunadamente sucedió antes de lo que pensamos.

Mario Valderrama (twitter: @Crea_Calidad) trabaja con Virgilio y es una persona que, sin conocerme personalmente, tuvo un lindo detalle conmigo: hace meses cuando supo que mi hija estaba enferma, me envió un DM para decirme que con sus maestros de Reiki le enviarían energía de sanación, para que se recuperara pronto. Eso fue algo maravilloso, no sólo para mi hija sino para mí: fueron días terribles, y recibir un mensaje así es algo que no se puede agradecer sólo con palabras.

Decir que Virgilio, Marco y Mario nos dieron a mi esposa y a mí un trato de lujo o de primera, sería quedarme muy corto. Hicieron mucho más que eso: nos hicieron sentir como amigos de toda la vida. Y eso hizo que nuestra estancia en Durango fuera, simplemente, maravillosa.

Durango es una ciudad pequeña pero hermosa: colonial, las casas antiguas están construidas de adobe,  y en su mayoría tienen ventanales que están acomodados simétricamente en las fachadas. Los jardines y prados están bien recortados y mantenidos. Muchos edificios están iluminados en la noche, lo cual la hace espectacular para caminar.

Paseo Constitución

Paseo Constitución en la Noche

Nos dicen nuestros anfitriones que en los últimos años, el Gobierno del Estado ha invertido mucho en desarrollar y mejorar lugares como la construcción del Paseo Constitución (una calle peatonal en el Centro, hermosa, donde además hay espectáculos distintos todos los domingos para la gente), el Paseo Minero (que se inauguró apenas en julio de este año) y un teleférico (el cual desafortunadamente estaba en mantenimiento), el Mirador, por mencionar tan sólo algunos.

Mi esposa y yo estamos de acuerdo en que es la ciudad más limpia que conocemos: no se ve rastro de basura en la calle. Y nos sentimos seguros caminando por sus calles, incluso más que cuando caminamos por la Ciudad de México (a pesar de lo que se escucha en materia de inseguridad, la cual se da más en zonas rurales y montañosas).

Cabe aquí una reflexión: mientras mejor estén los espacios públicos, mejor está la sociedad, quien valora más lo que tiene. Si uno deja que las cosas se deterioren, el ambiente también lo hace, los chavos se vuelven descuidados, etc.

Por ello es importante mantener nuestras cosas bien: tener nuestra casa pintada y recogida, dar mantenimiento a nuestro automóvil y, en general, cuidar lo que es nuestro. Aunque represente un esfuerzo. A la larga, es mejor (y más barato).

Regresando al viaje, la comida fue estupenda. Nuestros anfitriones se aseguraron de que conociéramos los mejores lugares, nos invitaron a varios de ellos pero además nos hicieron recomendaciones excelentes. Además, todos los días nos tocó ver un cielo espectacular.

Cielo de Durango

El Cielo de Durango

Lo mejor de Durango es, sin duda alguna, su gente: en hoteles, restaurantes y tiendas siempre encontramos una sonrisa y una hospitalidad de esas que nos hicieron sentir como en casa, la cual ya no es fácil encontrar.

Pero lo mejor de este viaje, repito, fue la gran amistad que hicimos con Virgilio, Marco y Mario: gente que comparte muchas de nuestras ideas y nuestros valores.

Los detalles que los tres tuvieron con nosotros fueron, simplemente, increíbles. Una noche al regresar al hotel nos encontramos en la habitación con unos panes de nata, tradicionales, que nos hizo llegar Mario. Virgilio nos organizó una visita a la mina donde él trabaja, donde conocimos a detalle todo el proceso pero además tuvimos el privilegio de admirar la mejor vista de la Ciudad. Y Marco fue hasta el aeropuerto, donde nos alcanzó para regalarnos un libro sobre las películas que se han filmado en su ciudad.

Dicen que en el detalle está la diferencia, y los tres hicieron, de verdad, uno de los mejores viajes de mi vida. Gracias a ellos por ser así y por brindarnos su amistad, que estoy seguro, seguirá creciendo con el tiempo.