Los seguros son mecanismos que nos permiten proteger nuestro patrimonio, principalmente los cuatro rubros más importantes: nuestros bienes (seguros de hogar, de auto y para empresas), nuestras responsabilidades potenciales (daños a terceros, por ejemplo), nuestra salud (gastos médicos mayores) y nuestra familia (vida y educación de los hijos, entre otros).

¿Qué Seguros debemos contratar para Proteger Nuestro Patrimonio?

Depende mucho de nuestra situación personal y de nuestras necesidades particulares. Alguien que es soltero, por ejemplo, no necesita un seguro de vida, ya que no tiene dependientes económicos a los cuales proteger en caso de que llegase a faltar. Sin embargo, éste representa un producto esencial para personas que son sostén económico – total o parcial – de la familia, y que por lo tanto deben protegerla si ellos faltaren.

Un buen punto de partida es analizar cuidadosamente nuestra exposición a los cuatro rubros anteriormente descritos. Esto nos permite darnos una idea de cómo debemos proteger nuestro patrimonio.

Pero luego, viene la pregunta del millón:

¿Qué seguros específicos, qué productos de los que existen en el mercado, son más los adecuados para proteger nuestro patrimonio?

Responder a esto no es nada fácil. En nuestro país existe una gran variedad de productos, que implican diferencias sustanciales no sólo en los precios, sino también en las condiciones y en las coberturas que ofrecen distintas compañías de seguros. Y compararlos no es sencillo. Hay seguros muy buenos a precios competitivos, pero también hay productos malos y baratos o, lo que es peor, malos y caros.

Por ello, siempre recomiendo que la gente compare bien las distintas alternativas, antes de elegir. En este sentido, es importante contar con la asesoría de un buen agente de seguros, que trabaje con varias aseguradoras y que por lo tanto pueda encontrar, en el mercado, la opción que cubre de mejor manera nuestras necesidades (y además presentarnos comparativos). Es importante que seleccionemos bien a nuestro asesor, ya que así como existe gente muy preparada y capaz, también hay «asesores» que buscan vendernos cualquier cosa, con tal de recibir una comisión.

Para hacerlo, debemos primero entrevistar a nuestro agente, ver cuáles son sus antecedentes, pero sobre todo, pedirle que nos explique las distintas coberturas y exclusiones hasta que quedemos satisfechos. Si el agente de seguros no es capaz de hacerlo, o parece no saber las respuestas, busquemos otro. Muchos de los agentes afiliados a la AMASFAC (Asociación Mexicana de Agentes de Seguros y Fianzas AC) cumplen con estas características: dicha asociación se preocupa mucho por brindar capacitación y herramientas a sus afiliados.

Recordemos: es malo comprar seguros que sean muy caros, sin duda, pero es peor comprar un seguro barato sin saber lo que cubre y lo que excluye.

En este mismo sentido, quiero mencionar – y enfatizar – un aspecto esencial. Lamentablemente, muchas personas no leen sus pólizas de seguros – y cuando requieren utilizarlas se dan cuenta de que no contrataron alguna cobertura importante, o bien, que su reclamación estaba excluida.

Esto es algo que personalmente no entiendo y que sucede mucho no sólo en los seguros, sino cuando adquirimos cualquier otro producto o servicio financiero. Hay que conocer lo que compramos – y ver si realmente protege nuestro patrimonio de manera adecuada. De lo contrario, no podemos quejarnos. Es como si compráramos naranjas muy baratas sin verlas (a ciegas), y las guardáramos así. Para luego darnos cuenta, al momento de querer comernos una, que estaban podridas.

Proteger nuestro patrimonio adecuadamente es un aspecto fundamental que no podemos dejar de lado. Por el contrario: es un tema que siempre debemos cuidar mucho – de lo contrario estamos poniendo en juego el patrimonio que tanto trabajo nos cuesta crear.

Finalmente, no olvidemos que nuestro entorno y nuestras necesidades van cambiando con el tiempo, lo que implica cambios en nuestros requerimientos de ahorro, de inversión y también de protección. Es importante, por lo tanto, revisar todos estos aspectos por lo menos una vez al año – y hacer los ajustes que sean necesarios. La solución ideal para proteger nuestro patrimonio hace 10 años seguramente ya no lo es, por el simple hecho de que nuestras necesidades y situación habrán cambiado.