En varios países, muchas personas desconfían de las compañías de seguros y en ocasiones por razones que son muy válidas. A veces recibimos un servicio que deja mucho que desear, muchas veces a causa de una mala comunicación, pero también por una pobre capacitación de la persona que nos está atendiendo.

Una de las creencias más arraigadas en la sociedad, tiene que ver con las famosas “letras chiquitas”. La gente piensa que las pólizas de seguro son muy complicadas de entender, y que las compañías ponen esas “letras chiquitas” como restricciones que les permiten negar cobertura al momento del siniestro.

Nada más alejado de la realidad. De hecho, desde hace muchos años, las famosas “letras chiquitas” han dejado de existir: por Ley las exclusiones en una póliza de seguros se insertan en las pólizas con un tipo de letra más grande, y en negrillas para que destaquen a la vista del lector.

La verdad de las cosas, en mi experiencia la mayoría de los problemas se dan porque solemos comprar seguros “a ciegas”. Y para muestra basta un botón: ¿Cuántos hemos leído nuestra póliza de gastos médicos mayores, o el seguro de nuestro automóvil?

Puedo apostar que la gran mayoría de las personas no lo ha hecho. Entonces ¿Cómo podemos estar seguros de que tenemos la cobertura adecuada o que cumplimos con las condiciones de aseguramiento?

Nunca Debes Comprar un Seguro “A Ciegas”

Veamos un ejemplo muy sencillo, pero claro: Javier adquirió un seguro para su hogar. Hace poco tiempo entraron a robar a su casa, y el ladrón se llevó dos cuadros de artistas mexicanos que valían 60,000 pesos cada uno, además de sus palos de golf y varios aparatos electrodomésticos.

Al momento de ajustar su reclamación, la compañía de seguros pagó el valor nuevo de esos electrodomésticos que los ladrones se llevaron. Sin embargo, la aseguradora sólo consideró un monto de $ 1,870 pesos para cada uno de los cuadros.

Mario no se había dado cuenta que la mayoría de las pólizas de seguros ofrecen cobertura para “objetos raros y de arte” limitada a 30 días de salario mínimo general vigente en el Distrito Federal por obra. Claro: pueden ser cubiertos por un monto mayor siempre que sean declarados expresamente y la aseguradora acepte ampararlos.

Desde luego, darnos cuenta de esto a la hora del siniestro da mucho coraje. Lo más fácil es despotricar contra la compañía de seguros, pero una vez que lo hemos hecho, también debemos aceptar nuestra parte de responsabilidad por comprar un seguro “a ciegas”, sin saber lo que cubría y la manera como funcionaba.

Muchos de nosotros pensamos que los seguros son “estándares” y que todas las compañías manejan condiciones iguales. Esto fue así hace muchísimo tiempo: hoy en día hay productos que cubren casi cualquier necesidad. Hay productos que imponen condiciones más restrictivas, y otros que son mucho más flexibles y que brindan una cobertura mucho más amplia.

Por eso es importante que al momento de que compremos un seguro no comparemos sólo precios, sino también las coberturas y las principales limitaciones con las que cuenta cada compañía. Comprar un seguro a ciegas es lo peor que podemos hacer.

Lo curioso es que no es tan difícil hacer esto: para eso existen los agentes de seguros cuya primera misión es entender nuestras necesidades, y luego encontrar alternativas de protección que cubran esas necesidades de la mejor manera posible. Ellos deben ser personas que conozcan bien el mercado y los productos de distintas aseguradoras. Su misión es hacernos un comparativo no nada más de precios, sino de condiciones. Sus recomendaciones deben estar sustentadas: “este es el producto que te recomiendo para tus necesidades por estas razones”.

Claro, como en todo, hay agentes de seguros excelentes, y otros que sólo quieren vender y brindan a sus clientes información equivocada. Por eso es importante tener criterio y elegir a nuestro asesor.

Por lo pronto, tan malo es comprar un seguro “a ciegas” como aceptar una asesoría “a ciegas”, es decir, esa mala práctica que tenemos de seguir consejos “porque él es el experto” en lugar de tratar de entender el por qué de cada recomendación, de tal manera que nosotros podamos tomar una decisión informada. Porque eso se llama tener responsabilidad, y antes que nada debemos tenerla con nosotros mismos.

No veo que nadie compre un auto a ciegas, o una lavadora sin por lo menos conocer sus cualidades básicas.

¿Por qué entonces solemos comprar un seguro sin saber lo que cubre?