Mucha gente piensa que, al evitar invertir en bolsa, o al tener su dinero en una institución bancaria sólida, tiene totalmente protegido su dinero. Esto es un grave error: toda inversión, incluso la más segura, implica distintos riesgos, algunos más evidentes que otros.

De hecho, una gran parte del éxito en nuestras inversiones radica en conocer los distintos tipos de riesgo que existen, con el fin de aprender a manejarlos a nuestro favor. Algunos de los más comunes son:





Riesgo crediticio

Al comprar un instrumento de deuda (de manera directa o a través de sociedades de inversión), lo que hacemos finalmente es prestar nuestro dinero, por un plazo determinado, al emisor del mismo. Dicho emisor debe tener la capacidad de generar los flujos necesarios para pagarnos una tasa de interés justa y, al final del periodo, devolvernos nuestro principal. Esto depende, en primera instancia, de su capacidad financiera.

Tradicionalmente, el papel de deuda emitido por el Gobierno Federal (Cetes, Udibonos, etc.) es el más seguro. Por ello, la tasa de interés que paga es menor y sirve como referencia para determinar la de otros instrumentos. Los papeles de más alto riesgo son los que emiten empresas con problemas financieros, y es por ello que ofrecen una tasa de interés mayor.

Afortunadamente, la legislación mexicana obliga a que todas las emisiones (y las sociedades de inversión) sean calificadas por una entidad calificadora independiente, por lo que el inversionista puede conocer, en gran medida, el riesgo crediticio que está asumiendo.


Riesgo de mercado

Hay distintos tipos de riesgo de mercado, dependiendo del instrumento que compremos. Por ejemplo, el rendimiento en una sociedad de inversión en cobertura cambiaria, dependerá básicamente del tipo de cambio del peso con respecto al dólar. Por otra parte, los precios de las acciones están sujetos a fluctuaciones generadas por la percepción de los inversionistas respecto a su desempeño futuro.

Contrario a lo que mucha gente piensa, los instrumentos de deuda también están sujetos a riesgos de mercado, es decir, a volatilidad por cambios en las tasas de interés. Por ejemplo, si compramos un Pagaré a 28 días a una tasa del 10% anual, y al día siguiente las tasas del mercado suben al 15% por presiones internas o externas, nuestro pagaré valdrá menos. Es decir, a su vencimiento sí nos pagará la tasa del 10% pactada. Sin embargo, si quisiéramos vendérselo a otra persona, tendríamos que hacerlo a un precio menor para compensarle la diferencia en tasas. De otro modo, nadie nos compraría nuestro papel, que paga un 10%, cuando en el mercado pueden obtenerse otros instrumentos que pagan el 15%.

El riesgo del mercado se puede a su vez dividir en dos: sistemático y no sistemático, pero de esto hablaremos en un futuro post.


El riesgo inflacionario

Este riesgo pocas veces es tomado en cuenta por la mayoría de los ahorradores en México, quienes invierten principalmente en cuentas maestras o pagarés bancarios que pagan, por lo general, tasas de interés menores a la inflación. No se dan cuenta que, con esto, su dinero poco a poco pierde poder adquisitivo.

Es cierto que a menor riesgo, menor rendimiento, pero lo menos que un inversionista podría esperar es mantener el poder adquisitivo de sus recursos. De lo contrario, nunca podrá cumplir sus metas de largo plazo. Recordemos que la tarea de todo inversionista es tratar de maximizar sus rendimientos dados el horizonte de inversión y su nivel de tolerancia al riesgo.