Muchas veces cuando una persona quiere saber qué cantidad debe ahorrar para una meta, particularmente de largo plazo, recibe respuestas que son muy desafortunadas. Esto me ha hecho pensar en ilustrar la importancia de usar una tasa real en nuestras metas.

Veamos el caso de Valente, quien hace algunos días preguntó en Twitter cuánto debería ahorrar cada mes para juntar, dentro de 16 años, un capital de $ 800,000 pesos, suficiente para pagar la educación universitaria de su hijo.

Algunas personas le contestaron alegremente, que si suponía un rendimiento del 5% sobre sus inversiones, debería ahorrar $ 32,250 cada año durante 16 años. Si uno hace el ejercicio, se dará cuenta que efectivamente, con estos supuestos se juntarían $ 800,000 pesos dentro de 16 años. Pero hay un pequeño detalle: dentro de 16 años la educación universitaria va a costar mucho más, simplemente por efectos de la inflación.

Por ejemplo: si suponemos que los costos educativos subirán 5% cada año, dentro de 16 años se necesitará mucho más: esa educación universitaria costará más del doble: $ 1,663,000 aproximadamente.

Entonces, si Valente pusiera en práctica ese ejercicio tan simplista, e hiciera caso a esos cálculos se quedaría muy corto de su meta. No llegaría.

¿Qué debe hacer?

Una posible respuesta podría ser tomar en cuenta la inflación esperada en su meta. Es decir, pensar que en realidad necesita juntar $ 1,663,000 en lugar de $ 800,000. Este podría ser un enfoque, pero ¡aguas! – en realidad nadie sabe cómo se comportará la inflación en el futuro (el 5% del que hablábamos es un supuesto, y uno que es bastante incierto).

¿Entonces?

La respuesta es: debemos usar una tasa real para hacer este ejercicio.

¿Qué es una tasa real?

Muy sencillo: una tasa real es lo que ganaremos arriba de la inflación. De manera muy simplista, pero conceptual e ilustrativa, si logramos obtener rendimientos del 10% pero ese año la inflación fue 4%, entonces nuestro rendimiento REAL es del 6%.

¿Por qué es importante usar una tasa real – no es igual de incierto?

En realidad no tanto. Mucha gente se acuerda que hace algunas décadas en México las tasas de interés eran cercanas al 20% anual o incluso mayores. Sí, pero la inflación en aquél entonces era también cercana al 20%. El rendimiento real en una inversión, en ese entonces, era similar a la actual.

Es decir: las tasas reales, aunque han disminuido ciertamente con el tiempo, son mucho más estables. En este sentido, es mucho más fácil el supuesto de usar una tasa real, que no varía tanto en el tiempo, que incorporar un supuesto de inflación que es mucho más incierto.

¿Cómo sé qué tasa real puedo ganar por mis inversiones?

Ahí es donde viene el truco de usar una tasa real, pero en realidad no es tan difícil. Las inversiones en pagarés bancarios usualmente pagan menos que la inflación, es decir, la tasa real es negativa. Pero afortunadamente hay muchas otras opciones.

La inversión en instrumentos gubernamentales de corto plazo, como los Cetes a 28 o 91 días, usualmente han pagado tasas de interés muy cercanas a la inflación. En este sentido, la tasa real de interés que podríamos ganar en estos instrumentos está entre el 0% (es decir, sólo conservamos el poder adquisitivo de nuestro dinero) o hasta el 1%. Cualquiera puede invertir en ellos a través de CetesDirecto, desde 100 pesos.

En instrumentos gubernamentales a largo plazo, también disponibles vía CetesDirecto (ojo, siempre debemos escoger un plazo que se adapte a nuestro horizonte de inversión), podríamos lograr rendimientos reales cercanos al 3%. Mismo rendimiento que han dado las aportaciones voluntarias en las Afores.

La Bolsa Mexicana de Valores ha dado mucho más: rendimientos reales entre el 8% y 10% promedio anual, pero con mucha mayor volatilidad y siempre con un horizonte de largo plazo.

Ahora bien, como siempre he dicho, uno debe invertir en un portafolio diversificado que esté acorde con su horizonte de inversión y tolerancia al riesgo. En este sentido, uno podría combinar los diferentes instrumentos disponibles para lograr la combinación idónea.

Por ejemplo: un portafolio diversificado que incluya 20% en instrumentos de deuda a corto plazo, 50% en instrumentos a mediano y largo plazo, y 30% en renta variable (alguien con un perfil de riesgo moderado-agresivo) podría asumir que obtendrá un rendimiento real cercano al 4%. Aunque a medida que nos acercamos a nuestra meta, conviene ir disminuyendo nuestra exposición a renta variable – es decir, es importante disminuir la volatilidad en nuestro portafolio.

También es importante tener en cuenta que el gasto de la educación no es de contado, sino que cada año uno va a gastar una cuarta parte. Durante ese tiempo nuestro dinero sigue dando intereses.

Por lo cual, suponiendo que Valente puede obtener una tasa del 4% REAL anual promedio, y que al momento de que empiece a pagar colegiatura el resto de su dinero crezca al 1% REAL promedio (un portafolio conservador) el monto que tiene que ahorrar para su meta es de aproximadamente $ 43,000 al año ($ 3,580 al mes).

Es importante enfatizar que dado que estamos suponiendo rendimientos reales (por arriba de la inflación), la aportación de Valente a su fondo educativo también debe actualizarse cada año con respecto a la inflación, para que el supuesto sea válido.

Por ejemplo si este año la inflación es del 4%, entonces el siguiente año hay que ahorrar $ 44,720.

Esta es la forma como manejo las metas de largo plazo en mis asesorías personales.

¿Crees que es importante usar una tasa real en nuestras metas?