A lo largo de los años, he manifestado tanto en este espacio como en mis columnas en El Economista y en Revista Inversionista, que gran parte de los problemas financieros de muchos de nosotros, nacen por actuar de manera irresponsable con respecto a nuestro dinero. Por no tomar responsabilidad de nuestras decisiones.

A veces, desafortunadamente, me quedo verdaderamente sorprendido de la magnitud del problema: personas que no están al pendiente de qué tasa la pagan sus inversiones. O bien, gente que toma asesoría financiera prácticamente a ciegas.

Mucha gente decide invertir en un producto simplemente porque un “asesor” del banco le sugirió (perdón, le vendió) – y luego se dan de topes al descubrir que no era lo que esperaban. O bien, deciden tomar los consejos de un “amigo” que en una charla informal presume que le ha ido muy bien invirtiendo en ciertos productos. O bien, invierten en la bolsa porque leyó que estaba dando muy buenos rendimientos en el periódico o en un Blog (desafortunadamente hay pésimos consejos, como lo demuestro en este artículo), sin tomar en cuenta la naturaleza de largo plazo y la volatilidad inherente a estas inversiones.

Es decir, deciden invertir en algún producto cuyo funcionamiento – y riesgo asociado, no han comprendido perfectamente. Y dejan que otros decidan, sin tomar responsabilidad alguna por esas decisiones.

Es por esto que luego vienen las sorpresas, las decepciones o incluso los engaños y los fraudes. Desde mi punto de vista, invertir sin conocimiento de causa, es una de las actitudes más irresponsables que podemos asumir, y sin duda alguna una de las más frecuentes.

La Importancia de Tomar Responsabilidad de Nuestras Decisiones Financieras

Uno no puede aceptar consejos a ciegas, de nadie, por ningún motivo. Uno tiene que tener el criterio suficiente para distinguir un buen consejo de uno malo, de la misma manera como uno hace en cualquier otro aspecto de la vida.

Un amigo puede aconsejarnos, por ejemplo, que renunciemos al trabajo. ¿En verdad le haríamos caso sólo porque él lo dice? ¿O analizaríamos los pros y contras de lo que nos aconseja, para tomar una decisión final mejor informada?

De la misma manera tenemos que proceder en materia de nuestras inversiones. Es nuestro dinero, no el del “asesor”. Por ello, tenemos que tomar responsabilidad de nuestras propias decisiones, no se vale “culpar” al asesor.

Lo que hacemos con nuestro dinero, nos afecta a nosotros, y no a todos los que nos rodean. Cuando una persona acepta asesoría “a ciegas”, de supuestos expertos, muchas veces termina por perder gran parte de su patrimonio.

No quiero decir que no tomemos ningún consejo de terceros, pero sí que tratemos de contextualizar todo lo que ellos nos dicen.

Por ejemplo ¿quién nos está dando la asesoría? ¿El ejecutivo del banco, o de la operadora de fondos de inversión, que recibe una comisión porque invirtamos con él? Entonces tenemos que darnos cuenta, que muy seguramente lo que nos dice está sesgado a su favor.

Pero aunque no sea así, aunque contratemos al profesional mejor recomendado y posicionado en el mercado, tenemos que hacer preguntas y comprender perfectamente lo que nos dice. Nosotros siempre somos los que tomamos la decisión final: esto es tomar responsabilidad.

Siempre he sostenido que uno no debe jamás invertir su dinero en algún producto cuyo funcionamiento no comprendamos perfectamente. Esto incluye, desde luego, tener muy claro el riesgo que tiene ese producto y además su rendimiento potencial. Y esto debe estar presente en cada decisión financiera que tomemos.

Al final del día, lo que no comprendemos nos termina costando. No existe otro modo de verlo, y no hay excusas: uno necesita comprender perfectamente cualquier decisión financiera que uno tome. Esto es: tomar responsabilidad.

Por eso la asesoría financiera que ofrezco la hago de esta manera: ayudo a las personas a tomar sus propias decisiones.

Entonces, hagamos nuestra tarea. Investiguemos, comparemos opciones, y lleguemos a la que sea mejor para nosotros y nuestro dinero. Eduquémonos, leamos libros y revistas al respecto, formémonos un criterio.

¿Sabes tomar responsabilidad de tus decisiones financieras?