Siempre me ha parecido que muchos economistas, cuando hablan de cifras macroeconómicas, olvidan ubicarlas dentro de un contexto social, lo cual me parece un error fundamental.

La Economía es una Ciencia Social

Una de las primeras cosas que como estudiante me trataron de meter en la cabeza, en el ITAM, fue el hecho de que la economía es una ciencia. Aunque no estudié la carrera, todos llevábamos por lo menos un par de materias al respecto.

En la primera clase nos dejaron leer una serie de artículos al respecto, en los cuales habían dos argumentos principales, a saber:

  1. La teoría económica se fundamenta utilizando las bases del método científico. De hecho gran parte de esta teoría está formalizada con matemáticas.
  2. Se puede demostrar que, caeteris paribus, cualquier proceso económico produce siempre el mismo resultado.

Hay dos palabras en latín que puse, a propósito, en negrillas y cursiva. Son las palabras favoritas de los economistas y significan “todo lo demás permanece igual” (caeteris paribus).

El asunto es, que en la realidad, no todo permanece igual. La economía en efecto es una ciencia, pero no es una ciencia exacta sino una social.

Hay una diferencia sutil, pero fundamental: en las ciencias exactas (matemáticas, física, biología entre otras) se puede aislar a los individuos o partes de un sistema para, a partir de ellos, explicar la realidad. En la economía (y demás ciencias sociales) esto no es posible: no se puede aislar a los individuos de su contexto social, dado el proceso de socialización por el que todos los humanos pasamos desde que somos niños (en la familia) hasta convertirnos en miembros independientes de una sociedad.

Las palabras caeteris paribus prácticamente equivalen a aislar todas las demás variables que inciden en un fenómeno económico, como si no existieran (o permanecieran constantes, fueran siempre iguales). Lo cual claramente no sucede en la realidad.

El problema de fondo no es tanto el concepto, ya que sería imposible estudiar la totalidad de las variables que inciden en un proceso social. La única manera de estudiarlos es a partir del desarrollo de modelos: representaciones simplificadas de la realidad, pero que toman en cuenta las variables más importantes (o las que se pueden estudiar de manera objetiva, es decir, que se pueden medir).

El problema real es que los economistas utilizan tanto el famoso caeteris paribus que les olvida lo que significa. Esa es la razón por la cual muchos de ellos predican la teoría económica como si fuera la verdad absoluta: arrogancia que en muchos países, como el nuestro, ha causado un grave deterioro social y una terrible desigualdad que se ha ido haciendo cada vez mayor.

El concepto más importante que aprendí en la Universidad

El objetivo fundamental de la carrera que estudié, matemáticas aplicadas, es precisamente el desarrollo de modelos que permitan explicar fenómenos naturales y sociales, pero sobre todo, resolver problemas reales. Se pueden utilizar para infinidad de cosas: optimizar el rendimiento sobre capital en una empresa, realizar estudios de mercado basados en métodos estadísticos, entre muchas otras cosas.

En este sentido, un maestro de estadística siempre nos enfatizaba que cuando vamos a aplicar cualquier modelo en la realidad, debíamos cuidar que los supuestos que hicimos para el desarrollo de ese modelo, fuesen aplicables a esa realidad que queríamos estudiar. Es decir: todos los supuestos deberían siempre ser, de alguna manera, validados (hay técnicas que permiten hacerlo).

Como mencioné, el principal supuesto que utilizan los economistas es caeteris paribus. Y como tal, parte de su responsabilidad es verificar, antes de aplicar cualquier modelo económico, que este supuesto se cumple. Se debe tomar en cuenta el contexto social, es decir, que las condiciones sociales del lugar donde va a ser implementado son las mismas que las que existen en otros países donde dicho modelo ha sido exitoso. El problema es que muchas veces la realidad es muy distinta.

Yo me pregunto: ¿El modelo económico neoliberal que aplicado México en los últimos 30 años ha funcionado? ¿La sociedad es más justa hoy que hace 30 años? ¿Hay menos pobres? ¿Hay mejores condiciones de vida? Me parece evidente que no.

Claro: sin duda ha traído cosas muy positivas, que se deben cuidar, como la estabilidad macroeconómica y un entorno inflacionario controlado. Pero también ha acelerado la enorme concentración de riqueza que existe en nuestro país, a costa de una clase media que está por extinguirse, y una población cada vez más pobre.

Cifras Macroeconómicas y Contexto Social

Muchos políticos, empresarios y miembros del gabinete económico tratan de defender el modelo económico actual y hablan de cifras e indicadores, como por ejemplo el crecimiento del PIB. El Presidente Calderón ha dicho que durante su sexenio el “ingreso promedio de los mexicanos” medido como el PIB per cápita ha crecido en términos reales.

Lo que no dicen es cómo se ha distribuído y cuánto de ese crecimiento ha beneficiado el ingreso de las familias de menores recursos. Tampoco mencionan cuántos mexicanos han dejado de ser pobres (bajo estándares internacionales más del 90% de la población económicamente activa en México está en un rango de pobreza). Es decir, omiten el contexto social de estas cifras.

También se dice que no crecimos más porque no se aprobaron “las reformas”. Se habla de ellas como si fueran “la solución mágica” a todos los problemas del país. Pero – curiosamente – no se habla sobre su contenido y sobre los efectos que estas reformas pueden tener en la población, en nuestra sociedad.

El Desarrollo Social y el Crecimiento Económico

A nuestros políticos y teóricos económicos se les olvida que el desarrollo social es fuente de crecimiento económico. Si no se estimula el consumo interno, seguiremos dependiendo en gran medida de factores externos. Claro, se dice fácil: el reto es lograrlo.

Tomemos el caso, por ejemplo, de Brasil. Hace poco escuché al ex-presidente, Luiz Inácio Lula da Silva comentar que el gran éxito en su administración fue sacar a 20 millones de brasileños de la pobreza para empujarlos a las filas de las clases medias. Aunque hay mucho por hacer, reconoce el propio Lula, esa ha sido la clave. Y México tiene que seguir un camino similar, con decisiones económicas que estén fundamentadas en nuestro propio contexto social.

¿Cuál es tu opinión?