A lo largo de la vida me he dado cuenta que buena parte de nuestros problemas – no sólo en temas de dinero sino en general – son causados por una enorme incongruencia entre lo que queremos, lo que decimos y lo que hacemos en la realidad.

Pensemos por un momento en nuestras finanzas personales. Nos daremos cuenta que en realidad, formar un patrimonio no es nada difícil. En realidad sólo necesitamos gastar un poco menos de lo que ganamos (es decir, ahorrar) y entonces, invertir ese dinero de manera adecuada a nuestros objetivos.

La Congruencia en el Ahorro

Muchas veces me doy cuenta que la gente que dice que quiere ahorrar, en realidad hace todo lo contrario. Y siempre hay una justificación: «no puedo ahorrar porque no me alcanza». O como dice mi hermano: «con los sueldos que se pagan en México es imposible ahorrar».

Sin embargo, si analizamos las cosas de una manera más profunda, encontraremos que se trata, más que nada, de un problema de voluntad. Yo he visto a la gente más humilde guardar algunas monedas para «cuando se ofrezca». Es decir, siempre se puede ahorrar, aunque sea un poquito. Siempre.

Pero en lugar de hacerlo, y de enfocarnos en el ahorro, dejamos que la cabeza se nos nuble. Entran los deseos (después de todo somos humanos), o la famosa frase que nos sirve para justificar gastar de más: «me lo merezco». Por ello vienen las deudas después, y además de una manera lenta, casi imperceptible. Como mencioné en este artículo, uno utiliza su tarjeta de crédito, y paga una fracción de lo que consumió. Así que uno tiene la “ilusión” de que le alcanza. Si hacemos lo mismo el siguiente mes, y el siguiente, veremos que el pago mínimo sube muy poco a poco. Hasta que, cuando nos damos cuenta, estamos en un verdadero problema. Y uno doble, porque nos hemos acostumbrado a un nivel de vida más allá de nuestras posibilidades, que simplemente ya no podemos pagar.

Nuevamente: es un problema de actitud y de falta de congruencia. Cuando uno realmente tiene el objetivo de construir un patrimonio, esto debe constituir una prioridad. El ahorro debe verse como una factura: como el pago de la luz o del teléfono. Debe verse como “gasto” – el primero y el más importante de cada quincena o mes.

La Congruencia en las Inversiones

Como ya mencionamos, invertir de manera eficiente es la segunda condición necesaria para la formación del patrimonio. La inversión es lo que hace crecer nuestro ahorro, lo potencia a través del tiempo.

También aquí veo una enorme falta de congruencia en las personas, que privilegian la ganancia inmediata, de corto plazo, aún cuando su objetivo de inversión es de muy largo plazo.

En realidad es impresionante ver la gran cantidad de gente que invierte en instrumentos que no tienen nada que ver con su horizonte de inversión. Que mantienen el ahorro para su retiro en pagarés a 28 días, por ejemplo. O que invierten en bolsa parte de su fondo de emergencias, simplemente porque está subiendo y la ambición les gana.

Por ello vienen las malas experiencias a la hora de invertir: la gran mayoría de ellas se da, simplemente por actuar con total falta de congruencia.

Otro ejemplo: muchas personas mantienen su dinero en instrumentos que pagan mucho menos que la inflación, porque tienen miedo de perder. Cuando en realidad, lo único que está garantizado es la pérdida de poder adquisitivo.

Invertir no es difícil, pero uno tiene que tomarse el tiempo para entender qué es lo que quiere lograr con su dinero. Entender cómo lo estamos manejando, en qué lo estamos invirtiendo y si eso nos acerca o nos aleja de nuestros verdaderos objetivos.

La Congruencia en lo Demás

Ejemplos como los que mencioné suceden en muchos otros aspectos. Nos quejamos de las aseguradoras, pero no pagamos la prima a tiempo. Nos quejamos de los bancos, pero no buscamos uno que nos brinde un servicio mejor. Nos quejamos que el jefe nos trata mal, pero no hacemos nada para que nos considere su elemento más valioso.

El primer paso para resolver nuestros problemas de dinero – y también en otros frentes – es simplemente reflexionar y empezar a actuar de manera congruente con lo que pensamos y lo que verdaderamente queremos lograr.

¿Tienes algún otro ejemplo de falta de congruencia entre lo que queremos y la manera como actuamos?