La inclusión financiera es un tema que está muy de moda en México – y también a nivel mundial. En nuestro país es uno de los puntos que el Gobierno Federal ha tratado de impulsar, siendo en lanzamiento del programa CetesDirecto un aspecto importante de la agenda. Es tan relevante, que fue el tema principal de la Convención Nacional de Aseguradores celebrada este año y ocupó además un lugar destacado en la última Convención Nacional Bancaria.

¿Qué es la Inclusión Financiera y por qué es importante?

La inclusión financiera de alguna manera puede definirse como el acceso de la población a los productos y servicios financieros formales.

Es importante ya que, de acuerdo con el G20, la inclusión financiera es condición necesaria para reducir la pobreza, ya que ofrece a los segmentos más pobres de la población la posibilidad de incrementar o por lo menos estabilizar sus ingresos.

El hecho de que la población mundial no tenga acceso a servicios financieros, por ejemplo, los deja muy vulnerables a pérdidas, robo y explotación.

La inclusión financiera permite a la gente más pobre, a la base de la pirámide, satisfacer su necesidad de ahorro mediante alternativas formales. Pero también les permite contar con mecanismos de protección a través de micro-seguros, que desde mi punto de vista pueden ser un factor fundamental del desarrollo. Por otro lado, les permite mejorar su condición de vida, con acceso a créditos que les permiten tener mejores condiciones de vida (por ejemplo, para poner un piso firme a su casa).

¿Cómo se logra la Inclusión Financiera?

Desde mi punto de vista, la inclusión financiera requiere de dos aspectos fundamentales:

  1. Educación financiera de calidad, que pueda llegarle a la gente.
  2. Productos que representen beneficios reales y tangibles para las personas, y que sean fácilmente accesibles.
  3. Costos que la gente pueda pagar.
¿Por qué los esfuerzos de Inclusión Financiera no han funcionado bien?

Aunque hay algunas cifras alentadoras sobre Inclusión Financiera en México, la verdad es que falta mucho camino por recorrer. Mucho de lo que se ha logrado ha sido consecuencia de forzar las cosas. Por ejemplo: hoy en día muchos beneficios sociales se distribuyen a través de monederos electrónicos de manera obligatoria. Por otro lado, también se han autorizado corresponsales bancarios (posibilidad de hacer operaciones bancarias en tiendas de conveniencia, gasolineras, etc. pero con costo adicional).

Por eso en las cifras sobre inclusión financiera se muestra un crecimiento importante, aunque fuera de esto, no se ha avanzado demasiado.

Desde mi punto de vista, hay muchas razones por las cuales los esfuerzos sobre inclusión financiera no se han materializado:

  • Muchas de las personas que diseñan los programas de inclusión financiera son gente muy estudiada, bien intencionada, pero que no tiene ni idea de la realidad del país y de las necesidades de las personas. Alguien que ve una cuenta bancaria como un instrumento básico, como algo sin lo que no se puede vivir, no puede entender a las personas que viven sin una.
  • Los esfuerzos de educación financiera han sido aislados y mal coordinados. La Condusef genera contenido valioso, pero como mencioné en este post, no hace “click” con la gente. Se buscan poner conceptos de una manera tan básica, que da flojera leerlos (la verdad). No conectan con las necesidades de las personas. Yo creo que no se necesitan hacer historietas que la gente no quiera leer. Se requieren mensajes cortos, bien dirigidos, que hagan que a la gente “le empiece a caer  el veinte” de muchas cosas.
  • No hay educación financiera en las escuelas. Y no sería difícil hacerlo: en Matemáticas por ejemplo los ejercicios (Problemas) podrían estar muy relacionados a cuestiones de finanzas personales, e ilustrar la importancia de conceptos como el ahorro, la inversión, o los peligros de las deudas.
  • Hay un cierto elitismo. Los programas de educación financiera buscan basarse en “estándares internacionales” o “recomendaciones del Banco Mundial”. Entiendo que las buenas prácticas internacionales puedan darnos un marco de referencia, pero hay que buscar adecuarlas a nuestra realidad. Además se busca contenido generado únicamente por universidades, o por los bancos, porque son “institucionales”. No se toma en cuenta el contenido de gran calidad que se genera en México, escrito por gente que realmente sabe y que está comprometida con la difusión de cultura financiera. No sólo en este espacio, sino en muchos otros blogs y publicaciones especializadas en Finanzas Personales como los que recomiendo aquí.
  • Al sector financiero no le interesa la base de la pirámide. Esta es una realidad. Y quien supuestamente la atiende, lo hace con préstamos realmente leoninos. Para poder ofrecer productos a este nicho se necesita una estructura de costos muy baja y una eficiencia que hoy por hoy ninguna empresa del sector financiero tiene.

En fin, falta muchísimo por hacer en materia de inclusión financiera. Y mientras no se rompan muchos de los paradigmas que existen, temo que no veremos avances importantes.