En mi post anterior prometí que explicarles por qué los instrumentos de deuda pagan tasas menores o similares a la inflación, y por qué la Bolsa eventualmente, aunque tenga volatilidad, siempre ofrece rendimientos superiores a la deuda y a la inflación, en el largo plazo.

Hablemos de Negocios y Tasas de Interés

Una persona que tiene dinero para invertir, esencialmente tiene dos opciones: poner un negocio, o meter su dinero al banco (invertirlo en instrumentos de deuda).

Antes de que ustedes salten y digan que hay muchas más alternativas (invertir en bienes raíces, especular con derivados, comprar oro, forex, etc.) al final esto se puede ver como un negocio: quiero comprar un bien barato y venderlo a un precio más alto, para tener una utilidad. Lo que hace cualquier comercio.

Ahora bien, dejar nuestro dinero en el banco (o invertirlo en instrumentos de deuda) implica que no tenemos que hacer nada más que dejar ahí nuestro dinero: solito nos va a pagar intereses.

En cambio, poner un negocio requiere dedicación y además los rendimientos no se dan solos: hay que buscar clientes, controlar nuestros gastos fijos, manejar bien los inventarios, etc.

Adicionalmente, un negocio puede fracasar, aún cuando uno se haya preparado lo mejor posible (haya hecho su tarea, que es un plan de negocios detallado).

En este sentido, la única razón por la cual uno decide poner un negocio, es porque puede dejarnos una ganancia mucho mayor que lo que nos daría el banco (o la inversión en instrumentos de deuda).

Si no hubiera este “incentivo” de una ganancia mucho mayor (potencialmente) entonces no nos tomaríamos la molestia: dejaríamos nuestro dinero en el banco.

Esto es relevante porque no sé si han escuchado o leído a veces en los periódicos, que el banco central de un país ha decidido reducir las tasas de interés para incentivar el crecimiento económico. Uno podría pensar ¿Qué tiene que ver? Pues mucho, porque si las tasas de interés no son atractivas, entonces la gente tiene que buscar invertir su dinero en algo distinto, que sí lo sea: en negocios, que es precisamente lo que hace crecer a la economía.

Uno tiene varias opciones para invertir en un negocio: lo podemos poner, comenzando de cero, o bien podemos invertir en algo ya establecido. Por ejemplo: a lo mejor el tendero necesita dinero para comprar el terreno de junto y hacer más grande su tienda. Si nosotros lo tenemos, una posibilidad es asociarnos con él.

Pero también podemos ser socios de empresas más grandes: Wal-Mart, Telmex, Telcel, Cemex, entre otras. ¿Cómo? Pues comprando sus acciones (a través de la Bolsa de Valores).

Cuando invertimos en Bolsa, estamos invirtiendo en negocios que ya existen. Y como accionistas, lo mínimo que esperamos es que el negocio que ahora es en parte nuestro, crezca y genere beneficios mucho más altos que la inversión en instrumentos de deuda.

Y por lo general así es: a pesar de que el mercado es volátil (puede tener  ganancias importantes pero también a veces bajas muy relevantes), en el largo plazo el potencial de ganar es mucho mayor que en instrumentos de deuda. Basta con ver los rendimientos que ha dado la Bolsa en los últimos 10, 15 o 20 años: uno puede darse cuenta que a pesar de la volatilidad, el resultado ha sido extraordinario y mucho mejor que la inversión en instrumentos de deuda.

Por eso, si uno quiere ver un crecimiento de su dinero en el largo plazo, más allá de la inflación, uno tiene que invertir algo en Bolsa. De lo contrario, no podemos aspirar a ganar mucho más que la inflación.

¿Cuánto de nuestro portafolio tenemos que invertir en Bolsa? Depende de nuestra tolerancia al riesgo (también se trata de poder dormir por las noches si de repente los mercados caen).

Claro, largo plazo NO necesariamente significa estar invertido siempre, o en las mismas empresas. Largo plazo es un horizonte de inversión. Lo alcaro porque es tan malo andar especulando sin saber (para mí esto es como apostar) que mantener una inversión por muchos años en una empresa mala o que en lugar de crecer, está perdiendo participación de mercado. O está demasiado endeudada.

Volviendo al ejemplo del tendero, si nos quisiéramos asociar con él, por lo menos tendríamos que tener una idea de cómo está el negocio y cómo se espera que se incrementen sus ganancias como resultado de la expansión al terreno de junto. Para saber si es o no un buen negocio.

Lo mismo deberíamos hacer cuando compramos una acción: elegir bien en qué empresas vamos a invertir, qué es lo que esperamos de esas empresas y dar seguimiento a sus reportes de resultados para ver si el negocio va como nosotros pensábamos. En caso contrario, si vemos que la empresa no es capaz de generar los resultados esperados, pues entonces buscaríamos otro lugar donde poner nuestro dinero (venderíamos esa acción para invertir en otra que tenga un mejor potencial).

Si no queremos hacer eso, o no tenemos tiempo, pues podemos invertir a través de sociedades de inversión, donde un equipo de “expertos” selecciona las acciones para nosotros. La verdad es que hay muy pocos fondos de inversión que de manera consistente obtienen resultados mejores que el índice de la bolsa (quizá un año o dos sí, pero no siempre).

Entonces, si no le sabemos demasiado a esto, y realmente no tenemos tiempo o no nos interesa andar comparando y viendo cuál de todos los fondos que existen puede ser “el bueno”, lo mejor que podemos hacer es invertir en un fondo indizado al IPC – es decir que replique los rendimientos que genera el índice. O en el instrumento denominado NAFTRAC02, que es ETF (fondo pero que se cotiza como si fuera una acción) – que es la mejor opción para este tipo de inversiones.

Ahora pasemos a los instrumentos de deuda. Al final, como ya hemos mencionado, estos son como los “pagarés” bancarios: nosotros le prestamos dinero al gobierno, al banco o a una empresa, quien nos firma un “pagaré”: nos prometen devolvernos ese dinero y pagarnos intereses por el préstamo.

Hablemos de negocios: obviamente quien pide prestado lo que busca pagar la menor tasa de interés posible, es decir, financiarse lo más barato que pueda. Las grandes empresas por lo tanto no van con el banco, sino que acuden directamente a los mercados financieros, a conseguir a gente o a inversionistas que tengan dinero para prestarles.

Cuando los gobiernos salen a los mercados financieros a obtener dinero prestado (emiten bonos), usualmente por razones de transparencia lo hace por medio de subastas.

En ellas, el Gobierno cuánto dinero necesita y a qué plazos. Cada participante pone su oferta, por ejemplo: “yo te presto 100 millones  a una tasa de interés del 4%”, por ejemplo. Otro dirá: “yo te presto 200 millones a una tasa del 3.9%”.

El Gobierno ve todas las ofertas y las empieza a asignar en orden. Es decir, primero toma el dinero que le prestan a la tasa de interés más baja. Si ese dinero es suficiente (el que necesita el Gobierno) pues ahí se acaba, aunque por lo general no es así. Entonces ven cuál es la siguiente menor tasa de interés, y también toman esa oferta – así sucesivamente hasta obtener todo el dinero que necesita.

Pocos saben que la tasa de interés de Cetes que se publica, es la tasa “promedio” que pagó el Gobierno por financiarse. Si han visto en periódicos o en la página de internet del Banco de México, también se publica la tasa mínima y la tasa máxima que el Gobierno aceptó pagar en esa subasta.

Ahora bien, dentro de un país, el Gobierno se considera la inversión más segura, porque es más fácil que quiebre una empresa o que ya no pueda pagar sus deudas, que el Gobierno.

Entonces, por lo general, para que una empresa pueda colocar deuda en el mercado, tiene que pagar una tasa de interés mayor que la tasa de Cetes. Por eso mismo se dice que la tasa de Cetes es una tasa “de referencia”.

Cuando una empresa quiere colocar deuda, va con una casa de bolsa para que le ayude a hacer la oferta al mercado. Ahí no se hace una subasta, sino simplemente se ofrecen bonos que pagan una tasa de interés predeterminada, y esperan que haya el suficiente interés para obtener todo el dinero que esa empresa necesita para financiarse.

Las casas de bolsa saben, porque es información pública, cuánto dinero se ofreció durante la subasta de Cetes y qué tasas de interés pidieron los que participaron en la misma. Con base en esa referencia, en cómo está el mercado de dinero en ese momento y en la solidez de la empresa (su calificación que refleja qué tan sólida es para pagar su deuda), pueden determinar a qué tasa de interés debe salir esa oferta, para generar el suficiente interés.

Como ya comentamos, si las tasas de interés fueran muy atractivas (bastante por arriba de la inflación), pocas personas se tomarían la molestia de invertir en un negocio, arriesgarse a que no funcione, y tomarse todas las molestias que implica arrancarlo, competir y hacerlo crecer.

Por eso los instrumentos de deuda suelen pagar tasas de interés similares a la inflación. Muchas veces incluso inferiores, por la razón que comenté en mi post anterior: a veces las empresas tienen excedentes de tesorería, es decir, dinero que a lo mejor utilizarán en el corto plazo, pero que puede ser invertido de manera segura. Los Cetes a 28 o a 91 días, por ejemplo, son instrumentos de inversión ideales para ello.

Si hay muchísimas empresas que necesitan invertir estos excedentes, es decir, hay mucha oferta, como es dinero a corto plazo las empresas no buscan tanto obtener una ganancia grande. Simplemente no mantener ese dinero en la cuenta de cheques, ocioso: por lo menos que genere algo. Por lo tanto, a veces están dispuestas a entrarle aunque la tasa de interés que vayan a recibir sea  incluso inferior a la inflación.

Como en cualquier otro mercado, los precios (tasas de interés) se fijan de acuerdo a las leyes de oferta y demanda. Hablemos de negocios entonces.