A veces me parece increíble cómo las propias autoridades mexicanas propician la falta de competitividad en nuestro país, y desalientan la inversión. Esto está pasando actualmente en la industria de sociedades de inversión, donde una interpretación del SAT está cambiando, de manera radical, las reglas del juego.

Explico lo que está pasando a continuación:

Como todos sabemos, en México la ganancia que uno obtiene por las inversiones en instrumentos de deuda causa impuestos. El intermediario financiero (bancos, casas de bolsa, sociedades de inversión, etc.) tiene que retener este impuesto y enterarlo al SAT: el rendimiento que se nos entrega ya es neto. Recordemos que los instrumentos de deuda consisten en lo que antes se llamaba, erróneamente, “renta fija” – por ejemplo: pagarés bancarios o de empresas privadas, Cetes y otros instrumentos gubernamentales, así como sociedades de inversión que invierten en ellos.

Sin embargo, desde hace mucho tiempo, la ganancia de capital que uno obtiene por inversiones de renta variable (acciones listadas en la Bolsa Mexicana de Valores, incluyendo aquellas listadas en el Sistema Internacional de Cotizaciones – SIC) no causa impuestos. Esto representa una ventaja fiscal muy importante que tiene nuestro país.

De manera muy atinada, las autoridades financieras en México (Comisión Nacional Bancaria y de Valores) desde hace tiempo han estado promoviendo nuevos mecanismos de inversión, para darle dinamismo al mercado. Un ejemplo de ellos es la autorización para el listado en México de valores internacionales (el SIC, ya mencionado), y la posibilidad para las sociedades de inversión para poder invertir en otros fondos de inversión (fondos de fondos) – incluyendo fondos internacionales.

Gracias a esto, nuevos jugadores entraron en México para ofertar productos innovadores, como Franklin Templeton Asset Management, Skandia, SEI Compass, JP Morgan, BNP Paribas, entre otros – algunos de forma directa y otros a través de asociaciones estratégicas con entidades ya establecidas en México. Otros, como ING, pudieron también complementar la gama de productos que ofrecen al público inversionista, con fondos especializados en mercados que antes no estaban disponibles (como por ejemplo fondos especializados en el mercado asiático).

Muchas de estas empresas son extranjeras, y tienen sociedades de inversión muy exitosas en otros lugares del mundo. Pues bien, lo que hicieron algunas, bajo las nuevas reglas mencionadas, fue crear fondos en México que a su vez invierten en una (o varias) de esas sociedades de inversión extranjeras – lo cual nos da acceso a las mismas desde México. Desde luego, todo con la debida autorización de la Comisión Nacional Bancaria de Valores.

Algunos de estos fondos que a su vez invierten en otros fondos extranjeros, invierten en instrumentos de deuda, por lo cual retienen impuestos, de la misma forma como lo hace cualquier otra sociedad de inversión. Pero otros invierten en renta variable, se constituyeron como tal, y por lo tanto no retienen ningún impuesto – como cualquier otra sociedad de inversión de este tipo en México.

Pues bien, ahora el SAT a través de la Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles (AMIB) ha expresado su opinión de que son objeto del impuesto sobre la renta mexicano, las ganancias de capital que obtengan los participantes en fondos internacionales de renta variable, que contengan inversiones no listadas en el Sistema Internacional de Cotizaciones (SIC).

Es decir: los fondos de renta variable que inviertan en instrumentos extranjeros que sí están listados en el SIC, no causan impuestos. Pero los fondos de renta variable que invierten a su vez en otros fondos – que no requieren ser listados en el SIC y que fueron aprobados por la CNBV, ahora resulta que sí causan impuestos.

Ahora bien, cuando las operadoras de fondos recibieron esta noticia, buscaron enfocar sus esfuerzos para listar esos fondos en el SIC y de esta manera lograr un trato equitativo. Esta solución fue ofrecida por la CNBV y aceptada por la AMIB. Sin embargo, el SAT increíblemente se opuso a dicho registro, dejando a estos fondos en una clara desventaja, y obviamente a los que invierten en ellos con una implicaciones fiscales que no tenían previstas inicialmente.

En particular, creo que este tipo de actos de la autoridad, en donde de repente cambian las reglas del juego, es una de las principales causas que frenan la inversión extranjera y que causan desconfianza por parte de la gente que considera invertir en México. El hecho de que los inversionistas no puedan tener certidumbre sobre su inversión, provoca falta de competitividad y frena el progreso.