En días pasados escuché al Presidente de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF), Manuel Aguilera en una entrevista en el programa Fórmula Financiera hablar sobre el fin de los seguros de gastos médicos ilimitados.

Sus declaraciones fueron, desde mi punto de vista, muy desafortunadas.

Por ejemplo, Aguilera mencionó lo siguiente sobre los Seguros de Gastos Médicos Ilimitados:

En términos financieros no existe ninguna garantía financiera de naturaleza ilimitada. No hay en consecuencia un seguro que pueda proteger ilimitadamente a nadie.

Pues bien: tampoco hay una enfermedad cuyos gastos sean ilimitados, porque tarde o temprano una persona fallece – y con ello se terminan los gastos. Ninguna enfermedad, en consecuencia, podrá afectar de manera ilimitada a una aseguradora.

Aguilera añade:

Lo que al público se le vendía como sumas aseguradas ilimitadas, detrás tenía un tope técnico determinado con base a la experiencia siniestral de la compañía; lo que nosotros buscamos ahora es transparentarle eso al público.

Esta declaración es lamentable porque podría malinterpretarse. Alguien podría pensar, de manera equivocada, que las aseguradoras nos vendían seguros ilimitados que no lo eran, y además la autoridad permitía que nos engañaran. Lo cual no es cierto en ningún caso: los seguros realmente eran ilimitados y las autoridades establecían reglas claras al respecto.

¿Qué decía la regulación anterior acerca de los Seguros de Gastos Médicos Ilimitados?

Las reglas stablecían que cuando una compañía de seguros ofrecía una suma asegurada sin límite, dentro de su nota técnica y sus tarifas, la empresa debía incluir el cálculo de la pérdida máxima probable (PML) por cada riesgo asegurado.

Esta pérdida máxima debería ser un valor tal, que para cada póliza o riesgo asegurado, la probabilidad de que se presente una reclamación que exceda dicho valor, se considera poco significativa. Los criterios de la propia autoridad definían “poco significativo” como una probabilidad de excedencia menor del 2.5%.

Cabe mencionar que, desde mi punto de vista, la regulación era insuficiente. Una probabilidad del 2.5% es demasiado alta (significa que en un periodo de 50 años, en más de una ocasión habrá una reclamación que excederá esta pérdida máxima probable).

Creo que la probabilidad debería ser menor a 0.25% (es decir, 1 vez en 400 años) y además el cálculo se debería haber complementado con otras técnicas de probabilidad y estadística que permiten estimar no sólo obligaciones futuras, sino el impacto que este evento tendría en la situación financiera de una compañía, en caso de que se llegase a dar.

En este sentido, hay formas calcular qué pasaría en caso de que un evento supere la pérdida máxima probable, de qué magnitud sería, cuánto costaría y cómo impactaría en la salud financiera de la compañía aseguradora.

Además hay otros conceptos importantes, como por ejemplo la probabilidad de ruina – que permite estimar con un nivel de confianza muy elevado, la posibilidad de que una compañía ya no pueda hacer frente a sus obligaciones adquiridas.

Todos estos conceptos estaban ausentes en la regulación y desde mi punto de vista, sí podían poner en riesgo al sector. Pero en lugar de incorporarse, se ha preferido tomar el camino fácil: prohibirse los seguros con sumas aseguradas ilimitadas.

Pero como mencioné en el post anterior, con una buena regulación las sumas aseguradas sin límite en los seguros de gastos médicos no amenazan la estabilidad de las compañías aseguradoras. No lo han hecho ni en México ni en el mundo. El hecho de eliminarlos, por regulación y no por una cuestión de mercado, me parece sin duda una decisión lamentable.

¿Qué opinas del fin de los seguros de gastos médicos ilimitados?