Durante la semana, después de mucha especulación acerca de su contenido, el Secretario de Hacienda presentó al Congreso la iniciativa del paquete económico 2010.  A pesar de que el Presidente Calderón había anunciado en el marco de su Tercer Informe de Gobierno que “ahora sí” habría cambios de fondo, y que propondría al Congreso un paquete de reformas estructurales “las necesarias, no sólo las posibles”, lo presentado ayer es sin duda muy decepcionante y falto de imaginación.

El paquete es totalmente recesivo y no estimula la ya de por sí golpeada economía. Contrario a lo que están haciendo los países “civilizados” en el mundo (ampliar la inversión en infraestructura, recortes de impuestos y de la carga fiscal para apuntalar a las empresas), aquí estamos haciendo todo lo contrario: aumentando impuestos, desestimulando el consumo interno, reduciendo gasto en infraestructura y aumentando el de por sí elevadísimo gasto corriente, a pesar del anunciado cierre de tres Secretarías de Estado.

Es cierto que en México tenemos un panorama muy difícil, por el gran agujero que existe en las Finanzas Públicas. Los ingresos petroleros se han reducido significativamente, no sólo por la volatilidad en el precio del mismo en el mercado, sino también por la baja en la producción y la falta de una reforma estructural de fondo en el sector (a pesar de que el Presidente en su momento anunció en los medios que la reforma petrolera aprobada era muy buena – cuando todos sabíamos que era como poner una “curita” a una factura expuesta).

Sin embargo, con la iniciativa del Gobierno se mantienen los mismos vicios de fondo, y no se hace un esfuerzo en el sentido correcto. A continuación algunas primeras reflexiones.

El Paquete Económico 2010 y Nuestras Finanzas Personales

  • Nada para “formalizar” la economía informal. México en un país que a lo largo de los años ha ido destruyendo empleos y forzando a sus habitantes a autoemplearse y a buscar su “pan” vendiendo productos en la calle, entre otras cosas. Me atrevería a decir, a pesar de las cifras oficiales, que la mitad de la población está “ocupada” de esta forma. Este sector, a pesar de lo que se piensa, sí paga “impuestos”, pero no van a las arcas de la nación. Entre todas las cuotas que pagan, están: “mordidas” a los delegados y presidentes municipales y a los policías; el “derecho de paso” de mercancía ilegal en las aduanas, cuotas a sus líderes para “protegerlos”, etc. Este es el costo de la corrupción, y no hay nada en la propuesta para cambiar esta situación. Por otro lado, muchas veces las empresas “informales” gozan de ventajas competitivas que no cuentan las empresas legalmente establecidas (como el no pago de impuestos, robo de luz que se tolera, etc.), por lo que el Gobierno sigue incentivando, de manera muy efectiva, que la gente se vaya a la economía informal.  ¿No sería mejor reconocer nuestra realidad como país, y comenzar a “formalizar” estas actividades, para que en la medida de sus ingresos y posibilidades, como todos los demás, paguen impuestos y no “cuotas” de corrupción?
  • Se vuelve a “apretar” a los que sí pagamos impuestos. Desde hace muchos años, todas las propuestas recaudatorias se han enfocado a “apretar” a los contribuyentes “cautivos”, lo cual ha contribuido significativamente a la destrucción de la clase media y a ampliar la brecha entre ricos y pobres. Es una reducción real al ingreso disponible de las familias.
  • No hay una simplificación fiscal, ni eliminación de regímenes especiales. El pago de impuestos sigue siendo complicadísimo en México, lo cual desincentiva el cumplimento de las obligaciones fiscales. Por otro lado, se mantiene una dualidad de impuestos al ingreso: el IETU, concebido como un un “parche” a los agujeros que tiene el ISR. No hay una propuesta de reforma verdaderamente integral para sustituir ambos impuestos por un régimen distinto que permita una contribución más sana y equilibrada, tanto para el gobierno como para las empresas. Tampoco se eliminan regimenes especiales que tantos agujeros causan a la recaudación.
  • Se desincentiva el consumo con un nuevo “parche”. El 2% del “impuesto para el combate a la pobreza”, llamado así por razones políticas, es un “parche” para tratar de aplicar un impuesto a alimentos y medicinas sin llamarlo “IVA”. Su aplicación tiene un efecto inflacionario. Esta medida eleva el impuesto al consumo del 15% al 17% y afecta directamente al bolsillo, principalmente de las clases medias.

Una nueva y gran decepción, sin duda, que en México no seamos capaces de generar reformas verdaderamente importantes, que resulten en un régimen tributario más justo, más sencillo, que estimule el empleo y las actividades productivas, que amplíe la base de contribuyentes (sobre todo los que sí pueden pagar y no pagan) y que además le brinde mayor margen de maniobra al Gobierno.

Es una lástima que se disminuya el gasto en infraestructura y en inversión productiva, pero no en gasto corriente. Y que además no se vea voluntad política, ni del Gobierno ni de los demás partidos para hacerlo, porque en el fondo tampoco quieren perder las cuotas de dinero y de poder de las que gozan a través de estas estructuras.