En varios libros sobre Finanzas Personales se menciona el concepto de Deuda Mala y Deuda Buena.

Como todos sabemos, el monto de las deudas personales en distintos países del mundo (incluyendo los de habla hispana) ha aumentado significativamente en los últimos años. Hay varias razones para ello: el alto consumismo, la crisis económica y su consecuente desempleo son algunas de ellas. Pero sin duda una de las más importantes es que hoy el acceso al crédito es mucho más sencillo que antes (con excepción de aquellos que tienen un historial crediticio desfavorable o que no pueden comprobar sus ingresos).

Pero el crédito es un concepto que para muchos es ambiguo. Muchas personas le huyen a las deudas a toda costa, mientras que otras piensan que endeudarse es un mal necesario en el mundo actual. Algunas más intuyen que el uso inteligente del crédito es medular para ir construyendo un patrimonio sólido, y otras manifiestan un desacuerdo total ante tal afirmación.

Deuda Buena vs. Deuda Mala

Muchos autores nos han querido convencer de que es esencial diferenciar entre deuda buena y deuda mala. Aunque definitivamente hay una gran diferencia entre estos dos conceptos, es importante saber discernir y entender que lo que se llama deuda buena sigue siendo, simple y llanamente, deuda: una cuenta por pagar, un pasivo en nuestro balance personal.

Deuda Mala 

El concepto de deuda mala nace del hecho de tomar un crédito para comprar algo que pierde valor con el tiempo. Por ejemplo: una computadora, un automóvil o incluso todo lo que compramos con nuestra tarjeta de crédito, a menos que seamos de los pocos que pagamos el saldo completo cada mes (y por lo tanto no pagamos intereses y no adquirimos una deuda). Cada mes el artículo que hemos comprado pierde valor (es decir, vale menos), mientras que el monto que hemos pagado por él crece cada mes producto de los intereses generados por el crédito.

Por ejemplo: cuando compramos un automóvil, al momento de sacarlo de la agencia pierde de manera instantánea el 25% de su valor. Sin embargo, como no lo hemos pagado aún, el costo total del mismo va incrementando cada mes. De esta forma, el bien continúa perdiendo valor mientras que el monto que pagamos por él continúa creciendo.

Deuda Buena 

El nombre de “deuda buena” puede ser confuso. Aunque en algunas ocasiones una deuda puede en realidad agregar mucho valor a nuestra vida, en otras simplemente es: “deuda no tan mala”.

El concepto de deuda buena nace del uso del crédito para adquirir algo que añade valor a nuestra vida, o cuyo valor va aumentando con el tiempo.

Por ejemplo: el uso del crédito para poder pagar una carrera universitaria, o un postgrado que de otra manera no hubiéramos podido lograr. De esta forma, adquirimos conocimientos que pueden hacer una gran diferencia en la calidad de vida que podemos tener (no sólo en el aspecto económico: la cultura nos da siempre otra forma de ver el mundo).

Sin embargo, no debemos olvidar que al terminar los estudios, tenemos una deuda – que puede ser considerable. Empezamos nuestra vida laboral no desde “cero”, sino con un patrimonio negativo. Aún así, esta es una deuda que, desde mi humilde punto de vista, vale la pena adquirir.

El otro tipo de deuda buena que muchos autores refieren tiene que ver con créditos hipotecarios, debido a que las casas van aumentando de valor. Este concepto es debatible, porque muchas veces la plusvalía se genera a una tasa menor que la tasa de interés de la hipoteca (sobre todo en economías emergentes, donde las tasas de interés siguen siendo muy elevadas para este tipo de créditos). Por lo cual hay que tomar este concepto “con reservas”, ya que un crédito hipotecario no necesariamente crea valor.

Aún así, para muchos es la única forma realista de adquirir una propiedad, ya que hacerlo “de contado” requeriría muchos años de ahorro además de pagar renta. Aún así, uno tiene que tener inteligencia financiera, ya que no en todos los casos comprar es la mejor alternativa.

Por otro lado, muchos opinan que el crédito para capital de trabajo también puede ser deuda buena ya que hace crecer el negocio de forma significativa. Esto puede ser muy cierto, pero también debe respaldarse la decisión de adquirir esa deuda con una adecuada planeación financiera. Para que sea deuda buena, el flujo adicional que genere el negocio resultado de tomar ese crédito, debe ser suficiente para poder pagarlo y además tener una rentabilidad interesante.

Quiero finalizar, como en otras ocasiones, esta nota con una reflexión. Una deuda es una deuda – es un pasivo en nuestro balance personal, y la decisión sobre adquirirla o no debe ser siempre el resultado de una buena planeación financiera integral.

Recordemos que aunque huyamos de las deudas malas, uno también puede sobre-endeudarse únicamente con deuda buena y de esta forma, poner en serio riesgo el patrimonio.