Ahora hablaremos de otras dos personalidades muy comunes: el ilusionista y el cobarde.

El ilusionista

El ilusionista es una persona que no piensa en el dinero, ni siquiera para gastarlo. El ilusionista busca satisfacer un sueño, una ilusión: por ello a veces dejan de poner los pies sobre la tierra. Los ilusionistas suelen ser artistas, fotógrafos, pintores o bohemios, pero también son aquellos que constantemente andan cambiando de trabajos o incluso de profesión, en búsqueda de un significado a su vida. El ilusionista se queja de que no obtiene lo que merece.

Son personas guiadas casi exclusivamente por sus emociones. Por ello, el ilusionista debe enfocarse al manejo de su dinero desde un punto de vista emocional.

Por ejemplo, si quiere sentirse más en control de su vida, deben escribir sus emociones, y asociar a cada una de ellas un aspecto financiero. Es decir, si quieren sentirse más protegidos, entonces pueden asociar a esto la idea de comprar un seguro. O bien, si quieren obtener una sensación de control, pueden asociar a ello el pago de una deuda, o bien, un plan de ahorro a largo plazo.

A el ilusionista le conviene enormemente vivir asesorado por un especialista financiero con el cual pueda establecer una conexión especial que le permita conocer sus sueños y sus emociones.

El cobarde

Los cobardes son personas a las que les da mucho miedo el dinero. Les da miedo tenerlo, porque se lo pueden gastar; les da miedo atesorarlo, por temor a que pierda su valor; les da miedo invertirlo por temor a perderlo. Son personas paralizadas en el aspecto financiero por su miedo.

El cobarde es el tipo de persona que típicamente nos están dando consejos catastrofistas: no inviertas en aquello porque es muy riesgoso; no compres un seguro porque no te lo van a pagar.

El cobarde es quizá una de las personalidades más difíciles de manejar financieramente, más aún que el ilusionista, ya que el cobarde a todo le encuentra una razón para no hacerlo.

Para el cobarde, la mejor herramienta es el poder utilizar su miedo de una forma positiva. Usar su miedo para que piensen qué pasaría si llega al retiro sin un centavo en el banco, o bien si pasa de verdad una catástrofe (como una enfermedad grave, u otro terremoto). Quizás estos miedos sean más grandes para ellos que el miedo al dinero, y puedan “atreverse” a tomar decisiones financieras para controlarlos. Los seguros suelen ser productos ideales para ellos, incluidos los de ahorro e inversión.

Como conclusión

Existen desde luego muchas otras personalidades financieras. Ninguna de ellas es fácil manejar: todas tienen sus virtudes pero también sus problemas. Lo mejor, como en todo, es buscar dentro de nosotros mismos un equilibrio. Pero si no lo hallamos, podemos seguir los consejos financieros que mejor se adapten a nuestra personalidad.

Como hemos dicho muchas otras veces, la mejor manera de manejar nuestras Finanzas Personales es buscar dentro de nosotros mismos, y a partir de ahí trazar nuestro destino. Si no conocemos nuestra personalidad financiera, nuestros sueños, nuestras metas y objetivos, difícilmente sabremos no sólo nuestro destino, sino cuál es el camino que debemos elegir para llegar a él.

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La serie completa de ¿Cuál es tu Personalidad Financiera?

Parte 1 – Introducción

Parte 2 – El Consumista y el Ordenado

Parte 3 – El Ilusionista y el Cobarde

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