Muchas personas hablan de la consolidación de deudas como una solución a sus problemas de endeudamiento.

Sin embargo, la mayoría de las veces es una promesa vacía que, al no resolver la causa de raíz, termina por generar más problemas.

¿Qué es la consolidación de deudas?

La consolidación de deudas implica, de alguna manera, tomar un préstamo y con el importe de éste, liquidar todos los demás que tenemos vigentes. Es decir: cambiamos todas nuestras deudas por una sola.

Para que esto tenga sentido, la nueva deuda debería tener una tasa de interés significativamente menor a la de los créditos que teníamos. Y desde luego: el monto que tenemos que pagar cada mes también debería ser mucho menor, de tal forma que podamos estar un poco menos apretados en nuestro flujo de efectivo.

El problema es que pocas veces esto sucede. Si estamos endeudados hasta el cuello, como se dice comúnmente, es muy difícil obtener un préstamo que sea suficiente para poder pagar todas las demás deudas que tenemos. Pero además, en caso de que podamos conseguirlo, es muy poco probable que sea a una tasa de interés menor, ya que representamos un riesgo para la institución que nos da el dinero.

Finalmente, la nueva deuda que hemos adquirido tiene que ser de un plazo largo para que pueda realmente implicar una mensualidad menor a la que teníamos antes de hacer la consolidación de deudas.

¿Por qué la consolidación de deudas no es la solución?

Las personas que tienen un severo problema de endeudamiento, usualmente lo adquirieron porque durante varios meses – o años – se han acostumbrado a gastar más de lo que ganan. Es decir: el dinero que reciben no les alcanza para vivir, y por ende tienen que echar mano del crédito para salir adelante.

La consolidación de deudas no resuelve esto – simplemente es cambiar varios créditos por uno. El problema de fondo, la razón por la cual caímos en un problema severo de endeudamiento, sigue ahí. Y esto puede ser muy peligroso.

Me ha tocado ver varios casos de personas que lograron consolidar sus deudas pero siguieron utilizando sus tarjetas de crédito: esas que pagaron con el importe del nuevo préstamo que obtuvieron para hacer la consolidación.

Entonces, se quedan con una gran deuda – la consolidada – pero comienzan a adquirir otras derivado del uso – nuevamente – de sus tarjetas de crédito.

Muchos lectores podrían pensar que esto es muy inocente y pasa muy poco. Pues lo he visto: sucede con mucha más frecuencia de la que se imaginan. La razón es muy simple y ya la comentamos: las personas ya están acostumbradas a gastar más de lo que ganan. Por lo general no pueden cubrir sus necesidades – y el pago de la deuda consolidada – con el ingreso que tienen.

Entonces, se ven obligados a echar mano nuevamente de sus tarjetas de crédito, lo que hace que su problema crezca y nuevamente se salga de control. Incluso hay un caso muy cercano de unos amigos que consolidaron sus deudas mediante una hipoteca de liquidez. Pero volvieron a utilizar sus tarjetas de crédito y poco a poco fueron cayendo en un enorme problema. Ahora tienen un alto riesgo de perder su casa: están batallando mucho para poder seguir pagando esa hipoteca.

Hay ocasiones, sin embargo, en las cuales la consolidación de deudas puede tener sentido. De esto hablaré en el siguiente post.

¿Qué opinas de la consolidación de deudas?