Los gastos impulsivos son comunes. Todas las personas realizamos frecuentemente gastos no planificados, generalmente por impulso. Muchas veces nos tomamos un refresco o un helado por la calle, vamos a algún bar con los compañeros de trabajo antes de regresar a casa, o compramos un disco o película que acaba de salir.

Y qué bueno que lo hagamos, ya que ellos representan para nosotros un premio a nuestro esfuerzo y a nuestro trabajo, además de que nos ayudan a no sentirnos demasiado limitados.

Sin embargo, estos gastos impulsivos, cuando son excesivos, muchas veces causan un desequilibrio en nuestro presupuesto, y ocasionan que a fin de mes no tengamos dinero para terminarlo. ¿Suena familiar? Creo que en mayor o menor medida a todos nos ha pasado.

Veamos entonces qué podemos hacer al respecto.

¿Cómo Controlar tus Gastos Impulsivos?

Dicen los psicólogos que el primer paso para poder modificar una conducta, es estar consciente de ella. Lo mismo en nuestras finanzas personales: es importante estar consciente de cómo gastamos y por qué.

Precisamente por esto es importante llevar un registro completo de todo lo que gastamos, por categoría. De esta forma podemos ver cuáles son nuestros hábitos de consumo: cuánto gastamos y en qué. Y también podemos darnos cuenta cuánto dinero se nos va en esos caprichos que de repente tenemos. Seguramente a más de un lector le sorprenderá lo que encontrará al hacer este ejercicio por primera vez.

Aún si algunos tienen escepticismo (o flojera) de tener que apuntar cualquier gasto, incluso una propina o una limosna, les propongo algo: háganlo por una quincena, o un mes. De verdad se sorprenderán.

Ahora bien ¿cómo hacerlo? Yo lo hago en mi celular, utilizo You Need a Budget, aplicación que se sincroniza con la versión de escritorio en mi computadora – es un software excelente que ayuda a hacer un presupuesto de suma cero. Esto me permite registrar todo en el momento y no perder el control nunca. Pero también se vale tener una libreta, siempre y cuando cada gasto tenga una categoría, y sumemos al final de la quincena o mes, cuánto gastamos en cada una de ellas.

Una vez que hemos hecho esto, podemos hacer un presupuesto, en donde uno de los rubros sea precisamente dinero “para caprichos”. Es decir, para nuestras cosas, para premios que queremos darnos ya que son las que nos generan estos gastos impulsivos: desde el café de la mañana hasta aquellos zapatos que nos encantaron.

Una de las estrategias que funciona bien es poner este dinero en efectivo, dentro de un sobre. Cuando ese dinero se acaba, ya no podemos gastar en ningún caprichito ese mes (o quincena). Esto nos enseñará a irnos administrando e incluso a ir ahorrando en caso de que hayamos visto precisamente algo que nos gusta o nos llama la atención, pero para lo que no nos alcanza todavía.

Ahora bien: para las personas que no pueden resistir la tentación de comprar algo bonito en la tienda, una solución muy simple puede ser: no llevar tarjetas de crédito consigo. Y limitar al mínimo el saldo disponible en nuestra cuenta bancaria. El uso de efectivo, aunque parezca retrógrado, todavía nos permite tener un control más estricto sobre nosotros mismos.

No digo que uno tenga que prescindir de otros medios de pago (por el contrario, personalmente pago todo con tarjeta y casi nunca llevo efectivo). Pero tenemos que reconocer que esta es una manera muy fácil de lograr que las personas que no pueden controlar sus gastos impulsivos, simplemente no tengan la posibilidad de comprar.

Desde luego, esta es una solución temporal, y debe ser aplicada en conjunto con el registro de gastos del que hablamos antes, así como de la elaboración de un presupuesto. Es una herramienta para poderlo cumplir.

Claro está que todas estas técnicas funcionan bien para manejar gastos impulsivos. Sería un error, desde mi punto de vista, eliminarlos o culparnos por ello. Personalmente creo que esto no funciona. En lugar de eso, manejémoslos dentro de nuestro presupuesto, como comentamos antes, con equilibrio.

Desde luego que en el mundo existen casos de compradores compulsivos mucho más graves, que tienen actitudes de auto-engaño y sabotaje para seguir consumiendo. Y que por ende no son capaces de controlar sus gastos impulsivos incluso después de seguir estas técnicas. Estos casos deben ser tratados, desde mi perspectiva, en equipo con la ayuda de un psicólogo especializado en este tipo de trastornos.

¿Qué otras técnicas conoces para controlar los gastos impulsivos de las personas?