El tiempo es un concepto abstracto que los seres humanos hemos inventado para medir nuestro paso por el mundo. Desde tiempos muy remotos, diversas culturas se dieron cuenta de que el movimiento de los planetas y de las estrellas era armónico, y empezaron a encontrar diversas relaciones que les permitieron predecirlo y calcularlo. De esta manera, inventaron calendarios que reflejaban los diversos ciclos estelares, y más concretamente, el de la estrella vital que llamamos sol.

En la actualidad, el tiempo ha dejado de ser enigma y se ha convertido en un factor de presión para quienes vivimos en las grandes ciudades. Sentimos que los segundos, minutos y horas no nos alcanzan, y que los años se nos pasan volando. Es precisamente este último concepto, el del año, al cual consideramos como ciclo fundamental. Las empresas presupuestan y evalúan sus resultados en términos anuales, las personas nos tomamos tiempo para reflexionar lo que hemos logrado cada año, etc. Es por ello que consideramos el 31 de diciembre de cada año el final de un ciclo, en el cual nos hacemos propósitos para poder lograr en el venidero lo que no pudimos lograr en el que termina.

Concretamente en el tema que nos ocupa, el de las Finanzas Personales, el final de un año nos da la oportunidad de evaluar lo que hemos hecho o dejado de hacer con nuestro dinero. Por ello, es importante que revisemos si nos hemos desviado de nuestro presupuesto, si estamos logrando el compromiso con nosotros mismos de ahorrar para cumplir nuestros diversos objetivos, si hemos reducido nuestro nivel de endeudamiento, etc.

Revisar lo que hemos hecho, y cómo lo hemos realizado, es el primer paso y el más importante para poder proponer un buen plan financiero para el año que empieza. Nos da la pauta para encontrar nuestros aciertos y reafirmarlos, pero también para descifrar nuestros errores y corregirlos. Nos permite reafirmar nuestros objetivos, complementarlos o formular unos nuevos. Nos brinda la oportunidad de evaluar nuestra estrategia de inversión, y variarla de acuerdo a nuestras expectativas.

Este fin de año, por lo tanto, debemos tomarnos unas horas para revisar y deliberar con nosotros mismos y con nuestras familias el tema de las finanzas del hogar. Exponer lo que se ha logrado, y lo que falta por hacer. Discutir de nuevo nuestros objetivos de corto, mediano y largo plazo, y verificar que estamos en la senda correcta para conseguirlos. Hacer los ajustes que sean necesarios y elaborar un plan financiero para el año 2010, que considere también la estrategia a seguir para nuestras metas de mayor plazo.

Para quienes nunca han realizado un plan financiero, ahora es el momento perfecto para elaborarlo. Para ello, es importante comenzar a revisando todos los recibos y estados de cuenta que tengan guardados, a fin de determinar su situación financiera actual. Después, se deben definir las distintas metas y objetivos de corto, mediano y largo plazo, sin olvidar darle prioridad a las de mayor tiempo, como la educación de los hijos o el retiro. Finalmente, ver cuánto y durante qué tiempo se necesita ahorrar para concretarlas y hacerlo.

Año nuevo, pues, puede significar, para muchos de nosotros, vida nueva. Pero sólo para quienes sabemos que no es el tiempo el que hace la diferencia, sino la oportunidad que éste nos brinda para crecer a partir de lo que ya hemos logrado, para corregir nuestros errores y empezar a caminar en la dirección correcta para conquistar nuestros anhelos. Año nuevo es vida nueva sólo para quienes queremos ser mejores cada día, para los que queremos crecer y construirnos una vida plena en todos sus aspectos. Para los que sabemos que, con nuestro esfuerzo cotidiano, podremos lograr lo que queremos.