Algunas veces las personas me preguntan si van por el camino correcto. Si el plan que han establecido les guiará a los resultados que esperan. Desde luego, muchas veces es casi imposible dar una respuesta precisa sin conocer el detalle de esos planes, y el entorno que rodea a las personas que los hicieron.

Sin embargo, sí existen algunos lineamientos generales que nos permiten ver mejor en dónde estamos parados, como los que a continuación listamos:


1.
¿Tus
metas son razonables y medibles? ¿Reflejan todo lo que está sucediendo en tu vida en estos momentos?

Los objetivos que se deben plantear en cualquier plan financiero, deben ser cuantificables en términos monetarios. No basta decir: quiero tener un retiro digno, se requiere saber qué monto necesitará para ello. En base a dicho monto, y a los rendimientos que podemos esperar de nuestras inversiones, podemos determinar el monto que necesitamos ahorrar cada mes para lograrlo.

De la misma forma, en ocasiones nuestra vida refleja cambios importantes que seguramente impactan cualquier plan financiero. Por ejemplo, el nacimiento de un hijo puede implicar costos adicionales (guardería por ejemplo) o incluso que algún miembro de la pareja deje de trabajar para cuidarlo. Esto, desde luego, limita el ingreso disponible y por lo tanto, hace necesario revisar nuestra planeación financiera.

Adicionalmente, eventos como estos pueden tener un impacto en las metas financieras anteriormente trazadas. Siguiendo el mismo ejemplo, el nacimiento de un hijo puede implicar la necesidad de garantizar su educación superior.

Por lo tanto, piensa en lo que está pasando en estos momentos en tu vida. ¿Ha cambiado algo desde que estableciste tu plan? ¿Hay algunas cosas que te gustaría lograr, que no habías considerado antes?

2.
¿Cuando hay un cambio de tendencia en los mercados, o cuando se da una situación de emergencia, sueles reaccionar y tomar decisiones de manera impulsiva?

Un buen plan financiero debe ser construido como un buen edificio. Debe tener cimientos sólidos, y cada elemento debe estar balanceado con respecto a otros. Antes de tomar una acción, debes medir el impacto de esa decisión sobre tu plan financiero de largo plazo.

Por ejemplo, estás ahorrando para tu retiro con un horizonte de 20 ó 30 años, una fuerte baja generalizada en las bolsas no debe representarte una mayor preocupación. Son cosas que pasan comúnmente en los mercados financieros, y que ya conocías antes de invertir. Si aún así decides cambiar la estructura de tu portafolio, debes hacerlo ponderando el plazo y el riesgo que estás dispuesto a tomar, así como el rendimiento que esperas obtener a cambio. Recuerda que en inversiones el riesgo se define principalmente como la volatilidad – la fluctuación en el valor de tu portafolio de inversión.


3.
Tu asesor patrimonial ¿Conoce tus metas? ¿Sabe para qué utilizarás el dinero que inviertes? ¿Conoce tu perfil de riesgo?

Dice Carlos Armida en sus libros, que cuando le pregunta a un inversionista para qué quiere el dinero que está invirtiendo (para qué lo utilizará), casi ninguno sabe responder concretamente. Entonces, ¿Cómo entonces un asesor patrimonial puede asesorar debidamente a sus clientes?

Lamentablemente, en México hay muy pocos asesores financieros o patrimoniales de verdad. Muchos de los que tienen ese título, no son más que promotores a los que su casa de bolsa les paga una comisión por cada operación que realicen sus clientes. Otros, son vendedores de fondos de inversión que ni siquiera conocen el funcionamiento de estos productos, a pesar de que pasaron sus exámenes ante la CNBV.

Cuando una persona no se siente capaz de determinar por sí misma el tipo de inversión que le conviene, está bien preguntar al ejecutivo que le atiende en la institución financiera de su confianza. Pero también uno debe asegurarse de recibir la asesoría correcta, y de no aceptar consejos “a ciegas”. Una buena asesoría no se puede brindar si el asesor no conoce las necesidades, metas financieras y perfil de riesgo de los individuos. Si tu “ejecutivo” no te lo pregunta, puedes estar seguro que la asesoría que te da no es la adecuada.

4.
¿Sueles reevaluar periódicamente tu plan?

Todo plan financiero cambia y crece con el individuo. Es importante, por lo tanto, tener una revisión del mismo al menos cada año, y además cada vez que exista un cambio significativo en tu vida, que pueda afectar dicho plan.