Muchas veces las personas piensan que ahorrar o invertir son sinónimos. Sin embargo, la realidad es muy distinta: Ahorrar consiste en separar una parte de nuestros recursos. Invertir es hacer que crezcan.

Ambos son, sin embargo, componentes esenciales de cualquier plan financiero personal.

¿Ahorrar o Invertir?

De hecho, para poder invertir, necesitamos primero haber ahorrado – esto es, haber separado o guardado una parte de nuestros ingresos (incluso aquellos que son irregulares).

Pero estos recursos por sí solos no bastan. No nos van a llevar a nuestra meta, cualquiera que esta sea. Tenemos que proteger el poder adquisitivo de los mismos, y además que nos generen un rendimiento que les permita crecer de manera exponencial (a través del interés compuesto, por ejemplo).

Invertir es un proceso que comienza dentro de nosotros mismos – con nuestros valores, con nuestros sentimientos, pero también con nuestros objetivos de vida. Tenemos que hacer una introspección para encontrar qué es aquello que realmente queremos: lo que soñamos. Hacer un alto en el camino para reflexionar, profundamente, cómo visualizamos nuestro futuro.

Al ahorrar o invertir, es importante empezar desde lo más lejano hasta lo más cercano: es decir, primero debemos ver cómo queremos vivir al momento de nuestro retiro.

La razón de esto es que las metas de tan largo plazo suelen ser las más importantes, y si no las tomamos primero en cuenta, solemos olvidarlas o posponerlas ante otras necesidades de más corto plazo. Y cuando nos damos cuenta, suelen estar demasiado cerca.

Esto nos dice muchas cosas de nosotros mismos y a partir de ello, podemos conocer cuál es la forma más adecuada de ahorrar o invertir esos recursos. Por ejemplo, si nuestra meta es el retiro y hoy tenemos 20 años, lo lógico es invertir una buena parte de nuestro dinero en recursos que puedan generar un rendimiento potencial alto, en el largo plazo, a pesar de que en tiempos cortos tengamos que asumir ciertas fluctuaciones. No necesitaremos, hasta dentro de mucho tiempo, de nuestro capital y de sus rendimientos.

Por el contrario, si ya nos hemos retirado, necesitaremos disponer de nuestros recursos de cierta manera que busque maximizar y preservar por el mayor tiempo posible, el valor real de nuestro capital. Por ello se requieren instrumentos que en su mayoría sean estables y nos puedan generar un ingreso constante.

Es importante recordar que en materia de inversiones, el riesgo se define como el cambio o la fluctuación del valor de nuestra inversión en el tiempo. Por eso, el horizonte de nuestra inversión (¿para qué queremos invertir ese dinero?) juega un papel fundamental, como también nuestra tolerancia al riesgo. A partir de estos elementos, es como podemos realmente determinar en qué tipo de instrumentos debe diversificarse nuestro dinero – y construir un portafolio adecuado para nosotros.

Ahorrar o invertir – ¿Qué opinas?