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Primero el Riesgo, Luego el Rendimiento

Este segundo tema también es fundamental. Primero el riesgo, luego el rendimiento. Es decir: primero tenemos que preocuparnos por controlar el riesgo en nuestras inversiones, y luego en buscar optimizar el rendimiento. Pero siempre sin exceder del máximo nivel de riesgo que podemos tolerar.

Desafortunadamente, mucha gente en aras de obtener un rendimiento más atractivo, corre riesgos innecesarios o incluso desconocidos (es decir, no saben que los están corriendo). Y es ahí cuando vienen los descalabros o, en el mejor de los casos, las sorpresas desagradables.

Por ello, en inversiones, es crucial: Primero tener muy claro el objetivo de esa inversión (lo cual nos dice el horizonte o plazo de la misma). Luego, tener muy clara nuestra tolerancia al riesgo.

Con estos dos elementos, podemos determinar cuál es el nivel máximo de riesgo que podemos / queremos asumir en esa inversión. Ese nivel de riesgo es el que tenemos que fijar. Entonces, ahora sí, debemos preocuparnos por buscar el portafolio de inversión que dado ese máximo nivel de riesgo, nos pueda ofrecer el mayor rendimiento posible.

De hecho, toda la teoría de portafolios está basada en este principio que es tan sencillo, pero a la vez tan complicado de poner en práctica. En un primer nivel, esto se hace mediante una adecuada selección de activos. Es decir, en qué tipo de instrumentos vamos a invertir, que estén acordes con ese nivel de riesgo, y que a la vez nos ofrezcan el mayor rendimiento potencial.

A manera de ejemplo, supongamos que un portafolio con una mezcla 70% Cetes a 28 días y 30% Bolsa Mexicana, cumple con el nivel de riesgo máximo que queremos asumir. Puede ser que haya otro portafolio, por ejemplo, 60% Cetes a 28 días, 10% Bonos a Largo Plazo, 25% Bolsa Mexicana y 5% Bolsa Americana que tenga ese mismo nivel de riesgo (es sólo un ejemplo ilustrativo). Sin embargo, el rendimiento potencial que cada uno de esos portafolios nos ofrezca puede ser muy distinto. Entonces, tenemos que elegir el que nos puede dar un beneficio mayor.

Pero además, en un segundo nivel, una vez que hemos elegido el “tipo de activos” en los que vamos a invertir, y en qué porcentajes, tenemos ahora que seleccionar los instrumentos específicos que utilizaremos, para cada clase de activos. Este proceso también es importante, y hay que hacerlo con sumo cuidado.

Siguiendo el mismo ejemplo, supongamos que elegimos el portafolio 70% en Cetes a 28 días y 30% en Bolsa Mexicana. Una persona podría elegir, para la porción de Bolsa, un fondo indizado al IPC (que replica el comportamiento del principal indicador). Otra persona podría construir ese 30% con un portafolio de sólo 3 acciones.

La primera persona ha elegido un instrumento que le dará un rendimiento cercano al rendimiento esperado de su portafolio (uno espera que ese 30% se comporte de manera similar, o mejor, que el Índice de la Bolsa. En otras palabras, el rendimiento esperado de esa parte de su portafolio es el rendimiento esperado del índice. La segunda persona, en cambio, ha elegido un portafolio que le puede dar mucho mejor o mucho peor rendimiento que el índice de la bolsa, dependiendo del desempeño específico de esas acciones. Está corriendo más riesgo, porque hay más posibilidad de que el rendimiento que obtenga sea muy diferente al rendimiento esperado de su portafolio. Y porque la inversión en sólo 3 acciones por naturaleza es más volátil que una canasta bien diversificada (como podría ser un fondo indizado).

Es por ello que por lo general uno debe buscar construir su portafolio con instrumentos que en general puedan obtener un rendimiento cercano a su “benchmark” – es decir, al indicador que representa el “rendimiento esperado”, y con el cual al final uno compara el desempeño de su portafolio. De nueva cuenta, concluiremos diciendo: Primero el Riesgo, Luego el Rendimiento. Es decir: el riesgo máximo que queremos asumir se fija o determina primero. Siempre. Nunca debemos perder esto de vista. Esta es la manera de no correr nunca riesgos innecesarios.

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La serie completa de los Diez Conceptos de Inversión Para Tener Siempre en Mente:

Introducción – Importante leerla porque nos ayuda a poner en contexto el concepto del “riesgo”.
1. Siempre Invierte con Base en un Objetivo Definido.
2. Primero el Riesgo, Luego el Rendimiento.
3. Diversifica de Manera Inteligente.
4. No Trates de Ganarle al Mercado.
5. No Trates de Buscar el “Momento Ideal” para Entrar o Salir.
6. Invierte de Manera Constante (Método Costo Promedio).
7. Rebalancea tu Portafolio Periódicamente.
8. Cuida las Comisiones y Costos.
9. Elegir Acciones no es Para Todos.
10. Corta Tus Pérdidas.[hr]